Experiencias de las familias

Todo comenzó con el resultado positivo de una prueba de sangre, algo que no esperaba tan pronto, un cóctel de emociones me embargó, en ese momento estaba atónita.

Al día siguiente en medio de mi meditación matutina vino una imagen a mi mente, me veía teniendo a mi hijo en casa, una idea que no me pareció nada descabellada.

Había que empezar por lo más importante, hacer el llamado para que las personas idóneas nos acompañaran para darle la bienvenida a éste plano físico a mi hijo y se presentaran en el momento adecuado.   Entonces desde ese día ésta petición hacía parte de mi co-creación diaria. Ahora todo quedaba en manos de la energía universal. De Dios.

Un leve tinte de ansiedad me invadió en los primeros meses, quería que esas personas llegaran rápido a mi vida, cada día que pasaba nacía dentro de mí la necesidad de encontrar alguien que mirara este proceso desde todos nuestros cuerpos no solo el físico; sino el emocional y el espiritual también.

De pronto, revisando opciones, encontré las recomendaciones de la OMS para un parto humanizado, entre las cuales se encuentran: que la posición para parir es de libre elección preferiblemente Vertical. Que el bebe no debe ser separado de su madre apenas nace para la realización de procedimientos que pueden esperar.

Entre esas recomendaciones, empecé a afirmar esas sospechas que sentía mi corazón, podía parir de otra manera, que respetara y cuidara mi cuerpo, mi bebé y mi experiencia familiar de dar a luz a nuestro hijo. Mi profesión como Enfermera, me había mostrado hasta el momento una realidad dentro de nuestro sistema actual de salud, que se preocupaba bastante por los tiempos de los partos y procedimientos profilácticos y técnicos. Entonces allí, en mi diario vivir, no iba a encontrar lo que quería y mucho menos con el enfoque espiritual que deseaba.

 

En la búsqueda por las redes sociales, encontré un grupo de mujeres que trabajaban fomentando el nacimiento humanizado, me dispuse a navegar por cada uno de los componentes de su página de internet, llenándome de alegría cada vez que abría una nueva pestaña.  Parecía que había encontrado lo que buscaba, entonces llame y concreté una cita. Desde nuestro primer encuentro con la que finalmente iba a ser la Partera de nuestra familia, Carolina Zuluaga, llenó todas nuestras expectativas y creó unas nuevas.

 

Al entrar en la casa de Unkay me sentí transportada a un lugar acogedor lleno de luz y paz lo que afirmó aún más que acompañada de ellas quería que naciera mi hijo.

El acompañamiento preparto fue una experiencia enriquecedora en donde aprendí a confiar en la naturaleza, en mi sabiduría y poder interior.  Aprendí a ver el dolor como algo necesario e indicativo que todo iba a su ritmo; a tomarlo como una sensación única e irrepetible y que dependía de mi fortaleza interior el asumirlo con todo el respeto que merece el gran trabajo que realizaría mi cuerpo. Pero sobre todo aprendí a confiar en esa sabiduría de mujer que nos fue heredada desde tiempos inmemorables y que reside en nuestra memoria celular y que gracias a las hipnosis realizadas tanto por la Partera como por su equipo de Doulas, fueron despertadas en mí.

A través que pasaban los días me sentía más segura y confiada en este proceso sin importarme todos los comentarios negativos que algunas personas me hacían sobre el parto en casa.

 

El día se acercaba cada vez más, mes de diciembre del año 2013, entre las fiestas decembrinas mis acompañantes sabían que no importaba qué día ni a qué hora, empezaría ese gran viaje del nacimiento, contaba con ellas en lo absoluto. Era hora de preparar el nido, mi imaginación dio muchas vueltas hasta que por fin una noche en medio de mis sueños vi cómo debía ser ese altar ese nido y al día siguiente manos a la obra :

 

Ya estaba todo listo solo quedaba esperar el día en que Juanjo se sintiera preparado para salir.

Llego el día las contracciones. Comenzaron a las 5 am del 23 de diciembre, pero mi esposo no estaba, se encontraba de viaje, me relajé y llamé a la Partera tuve contracciones hasta las 12 cuando hable con mi esposo, luego de esa llamada todo volvió a la normalidad. Mi Esposo llego sobre las 9pm nos acostamos a dormir. A la 1am del 24, volvieron las contracciones me dirigí al nido a recibir cada contracción con Canto Carnático, una herramienta muy poderosa que mi Partera me había enseñado.

A las 4am mi esposo se despertó y llamo a la Partera  y a la Doula, quienes llegaron a las 5am, me recomendaron que me metiera bajó la ducha 1hora. Salí de allí y me recosté a descansar junto a mi esposo, escucharon el latido del corazón de Juanjo y todo estaba bien.

Luego me realizaron una técnica denominada Manteo, que me relajó bastante la zona pélvica. Las contracciones estaban igual, ni más fuertes ni más frecuentes me dispuse a recibir cada contracción en el balón de pilates, algo que me reconfortaba. Me realizaron masaje y así transcurrió todo el día. Siendo las 6pm todo comenzó a ir más rápido, las contracciones aumentaron junto con el dolor, finalmente la única posición cómoda era acostada de medio lado en la cual la doula era mi apoyo pues ella sostenía mi pierna cada vez que llegaba la contracción, además sus palabras alentadoras eran alimento para mi alma y mi cuerpo emocional.

 

Hacia las 8pm pasadas, sentí deseos de pujar cuando tenía cada contracción, me dejé llevar por la sensación una y otra vez, según me lo pedía mi cuerpo, nadie dirigía mi pujo. De repente, pujé y algo muy líquido salió de mí, en ese momento entró mi esposo a la habitación y la Partera le confirmó que había roto fuente y me pasé a la silla de partos.

 

En ese instante todo cambió, la habitación era más cálida, las velas del altar alumbraban más, cada cambio de tonalidad iluminaba cada rincón de la habitación, la música cambio a sonidos de tambor como si el ambiente supiera que había llegado el momento.

Mi esposo se sentó en una silla tras de mí con sus brazos conteniendo mi cuerpo, paríamos corazón con corazón. Cada vez sentía más deseos de pujar, era algo que no podía controlar. Carolina me recordó el efecto positivo del soplo en la exhalación, y de pronto la cabeza de Juanjo salió y llego otro deseo de pujar a lo que Caro me dijo que lo contuviera, que no pujara sino solo exhalara, que él salía solo, sin afán, algo que no entendí en ese momento desde mi parte de enfermera. Me decía que no había afán que dejara que Juanjo hiciera su trabajo. En ese momento vinieron a mi recuerdos de saber profesional que no concordaban con lo que estaba escuchando decidí hacer caso omiso a mis conocimientos y seguir las indicaciones de Caro que eran coherentes con mi sentir.

Efectivamente Juanjo salió solo, muy despacio, resbalando su suave cuerpo por mi vagina. Cuando había salido la mitad de su cuerpo sentí sus movimientos, dentro de mi movía sus piernas, y por fuera podía ver cómo mo movía sus brazos. Siguió naciendo lentamente, recorriendo espirales con su cuerpo. Caro, la Partera, lo tomó en sus manos suavemente y lo puso boca abajo en el suelo acolchado y calientito que estaba listo para él. Lo calentaron con una manta e inmediatamente salió la placenta.

 

Me recosté con Juanjo en mi pecho fue una sensación única. La alegría me embargaba ¡lo logre¡ ¡lo logré!, era la única frase que venía a mi boca. Era un niño hermoso, se veía totalmente sano.

La cara de Juan Carlos, mi esposo, la cara de padre feliz y sorprendido aún está en mi mente. La felicidad me brotaba por los poros por fin tenía a mi bebe en mi pecho.  Me acomodaron, limpiaron todo, mis hadas madrinas, y se fueron a sus casas pasadas las 12 de la noche de Navidad.

 

Cuando ellas se fueron y era hora de dormir, la adrenalina invadía todo mi cuerpo y no tenía cansancio ni sueño solo quería mirar a ese milagro de la naturaleza que encima de mí.

 

A mi mente vinieron recuerdos de todo el proceso de gestación cada etapa que vivimos, la gente que nos acompañó, en resumen fue un embarazo MARAVILLOSO Y PERFECTO sin ninguna complicación o molestia.

 

Todo lo que me queda por decir es GRACIAS. Gracias naturaleza por ser tan perfecta por recordarme una vez más todo su poder.  Gracias a Carolina Zuluaga y a Carolina Lujan por ese trabajo tan maravilloso que realizan día a día, por el apoyo, la comprensión, la confianza y el cariño que me brindaron durante esta etapa. Gracias  a mi esposo por ser el hombre  maravilloso que es, por seguirme la corriente, pero sobre todo por ese amor que me brinda cada día. Gracias a mi cuerpo, gracias a mi herencia de mujer gracias al Reiki por haber llegado a mi vida y cambiar mi forma de pensar y sentir los acontecimientos de mi vida. Gracias ángeles y arcángeles… gracias a Unkay por luchar por un parto humanizado en este país.

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Claudia está en los últimos días de su primer embarazo. Su vientre es grande, redondo y pesado, y su bebé puede nacer en cualquier momento. A media noche se levanta con dificultad para ir al baño y expulsa un líquido transparente y pegajoso. Rompió fuente. Muchas mujeres despertarían a gritos a su esposo y saldrían apresuradas al hospital, pero Claudia lleva meses preparándose junto a la Asociación de Parteras Urbanas Artemisa. En los talleres aprendió que esa es una señal de que la labor de parto ha iniciado, pero también que las contracciones todavía podrían tardar en llegar. Regresa a la cama, abraza a su esposo con ternura y duerme con la certeza de que despertará para vivir el ritual más importante y exigente de su vida.

 

Su esposo, querían un parto en casa, aunque no sabían muy bien lo que implicaba. Si bien se estima que en Colombia existen unas 1500 parteras que atienden partos domiciliarios, la mayoría trabajan en regiones aisladas donde la cobertura de salud no llega. ASOPARUPA, la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico, es una de las organizaciones con mayor trayectoria del país. Con sede en Buenaventura, la asociación ha logrado reunir a decenas de parteras, realizando talleres de capacitación donde prevalece el conocimiento tradicional, a partir del cuál se han atendido centenares de partos desde 1991. Su trabajo saltó a la luz pública gracias a un documental presentado en el programa ‘El mundo según Pirry’, y dejó claro que la partería, antes que ser una práctica anticuada e insegura, es una opción válida para garantizar el bienestar de las madres antes, durante y después del parto.     

 

Pero eso es en Buenaventura. Encontrar parteras en Bogotá no parecía un trabajo sencillo, hasta que internet se encargó de reunir a quienes se buscaban. Durante varios meses la pareja asistió a los talleres prenatales que la asociación dicta al norte de Bogotá, y a sesiones de meditación, danza, masajes y otras terapias complementarias, que sirvieron para asumir el parto desde un punto de vista diferente.  

La idea del proceso es crear las condiciones para que la madre pueda abrir su cuerpo, mente y espíritu, y genere la mayor cantidad de oxitocina, una hormona que se produce naturalmente durante el parto, y que en la medicina moderna se administra como medicamento. Claro, en el ambiente frío e impersonal de la mayoría de hospitales es casi imposible que la mujer produzca la hormona por sí sola. En casa es otro cuento. 

 

Sebastián se levanta a la madrugada y termina de arreglar los últimos detalles en la sala de su casa. Hay decenas de velones de diferentes colores y tamaños, la leña está dispuesta junto a la chimenea, al igual que un pequeño altar y una maleta con  lo necesario para ir al hospital en caso de una eventualidad. No se puede descartar el apoyo de la medicina moderna.

 

El comedor está lleno de plantas medicinales que las parteras solicitaron a los padres, una lista que ellas han recopilado en su aprendizaje de la partería, que abarca el compartir con las abuelas indígenas y campesinas de diferentes lugares de Colombia; y el estudio de procesos en otros lugares del mundo, como la India, donde la ciencia natural y ancestral del Ayurveda mantiene viva esta tradición, o Europa, donde reconocidos obstetras han estudiado y confirmado la importancia del parto natural para el desarrollo armonioso del ser humano.

“Lo más importante de todo es acompañar a la madre, cuidar el entorno, hacer silencio, preservar la palabra y respetar los ritmos propios de cada familia”, explica Carolina Zuluaga, quien tiene cuatro años de experiencia en partería y tuvo a su hijo en casa.

 

Además de Carolina, otras tres mujeres conforman Artemisa, todas jóvenes y profesionales en campos tan diversos como la Fisioterapia, la Filosofía o las Relaciones Internacionales, y que comparten el conocimiento y la práctica de diferentes ramas de la medicina alternativa. Combinando sus experiencias, ellas han atendido o asistido más de 400 partos naturales en diferentes lugares de Colombia, un país que, por el contrario, se ha convertido en el tercero con más cesáreas del mundo en proporción al número de nacimientos.

 

En esta ocasión, Alejandra Montes y Laura Leongómez, llegan a casa de Claudia para acompañar el parto. Traen una maleta con varias herramientas para el manejo del dolor, la fuerza, la entrega y el control de signos vitales. También llevan plantas y aceites para apoyar a la madre con masajes y aromaterapia. Alejandra observa a la madre, las pupilas, los bellos de los brazos, el ritmo de su respiración y la expresión de su rostro, y le sugiere un baño de agua caliente. Es uno de los mejores analgésicos naturales.  

 

El tiempo pasa y las contracciones se hacen más fuertes. Claudia camina y cada vez que viene una contracción asume una posición cómoda para ella, mientras Sebastián la contiene entre sus brazos. La posición es siempre vertical, una de las claves del parto natural. Luego hay tiempo para cantos y danza, que ayudan a relajar a la madre y a regular su respiración. Claudia abre sus caderas, respira, eleva los brazos y se entrega a la vida confiando en la sabiduría de su cuerpo. Alejandra utiliza algunas plantas medicinales para apaciguar el dolor y ayudar a la dilatación, y otras plantas de alto valor nutritivo para darle fuerza.

 

El fuego arde en la chimenea y la llama de las velas aletea con el viento tenue de la noche, el cuarto está caliente y tranquilo, cuando el bebé decide salir del vientre de su madre. Claudia está en cuclillas, respira profundo, con calma, gime cada tanto, Laura la sostiene por la espalda y Sebastián se prepara para recibir a su hijo. Nadie le dice a Claudia qué posición adoptar, ella misma va sintiendo el ritmo de la vida que corre por su cuerpo, que sale de sus entrañas. Es una experiencia fuerte, las contracciones son intensas y cada vez más constantes, pero es un dolor que no equivale a sufrimiento.  El bebé asoma su cabeza, y su padre la sostiene con su mano. El cordón umbilical está enredado en el cuello del bebé, pero no es para alarmarse, Alejandra mantiene dos dedos entre el cordón y el cuello para evitar una asfixia, luego lo hala con cuidado y lo pasa por encima de la cabecita.

 

El bebé nace, su primer llanto ilumina los corazones de los presentes, Sebastián lo recibe en sus manos y lo pone de inmediato en brazos de la madre, y tiempo después, cuando el cordón ha dejado de latir, lo corta. La placenta alumbra a los pocos minutos, el único órgano del cuerpo humano que es creado y expulsado, y que es capaz de formar un ser. Las parteras la guardan en un totumo, que después será sembrado junto a un árbol, y en adelante se convertirá en un lugar sagrado para el recién nacido, un punto de conexión con la Naturaleza. De hecho en algunas clínicas privadas existe un servicio para congelar la placenta en neveras especiales, y así conservar las células madre de que está hecha, y que se administrarán a la persona en caso de alguna enfermedad. Es una tradición indígena adoptada por la medicina moderna.   

 

Mientras la madre reconoce a su bebé y siente cómo poco a poco chupa la teta, las parteras preparan remedios de plantas y masajean el vientre, facilitando la secreción de la oxitocina para evitar una hemorragia postparto. Claudia se recupera en su cama abrazando a Pablo, su bebé, y Sebastián agradece por tan maravilloso acontecimiento. Sólo quisiera quedarse en casa con su familia, pero debe ir a la notaria con una de las parteras –un testigo- y diligenciar una declaración juramentada que permita tramitar el registro de nacimiento de su hijo.

 

En Colombia la partería, un oficio tan antiguo como la Humanidad, todavía no está reglamentada. Un proyecto de ley presentado en el 2009 por la senadora y médica Dilian Francisca Toro, espera todavía nuevas instancias para su aprobación. Mientras tanto, y con motivo de la celebración del Día Internacional de la Partería, el 5 de mayo, la Organización Mundial de la Salud reveló un informe donde ratifica la necesidad de impulsar este oficio a nivel mundial como una herramienta determinante para alcanzar uno de los ocho objetivos del milenio trazados por las Naciones Unidas: reducir la mortalidad materna en tres cuatros y la infantil en dos tercios para el 2015. Cada día mueren en el mundo aproximadamente 1000 mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto.

Alejandra examina al recién nacido, le da la bienvenida y afirma: ‘lo más importante es recibir a los nuevos seres de una manera amorosa y cálida, para así empezar a cambiar el mundo desde la raíz’.

 

 

 

 

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En abril de este año nos enteramos de nuestro embarazo. Desde ese momento agradecí a la Vida haber escogido justo este momento para hacernos semejante regalo, meses tranquilos, con tiempo para dedicarlo a lo realmente importante: prepararnos para dar vida de manera consciente y buscar caminos respetuosos para traer al mundo a un tesoro.

 

Vivimos en Tegucigalpa, pero somos colombianos, así que decidimos venir a Colombia para dar a luz a nuestra hija Victoria. Desde muy temprano empezamos a buscar opciones para tener un parto no medicalizado, en casa, pero había poca información. Cuando ya estábamos a punto de rendirnos y entregarle nuestro proceso a la medicina de los ginecólogos, encontramos por casualidad el blog de UNKAY. Llamamos y les planteamos nuestro caso, sin muchas esperanzas, porque finalmente, nosotros estaríamos en Cartagena y UNKAY en Bogotá. Fue una llamada llena de voces cálidas, de mensajes en positivo, de puertas abiertas: Claro que sí. Estaban más que dispuestas a acompañarnos en este viaje.

 

Desde ese momento empezamos a crear lazos de confianza y a construir un sueño común: el nacimiento de Victoria. Un proceso hermoso, feliz, lleno de armonía y reconciliación con la Vida y el Amor.

 

Por supuesto, este camino no es fácil de recorrer. Desde que aterricé en Cartagena encontré rechazo y escepticismo frente al concepto de parto humanizado y en casa. Un ginecólogo, por ejemplo, decretó desde la primera cita -y justo después de decirle que quería un parto en casa, facilitado por una partera- que mi pelvis era estrecha y que lo más probable era que no pudiera tener un parto vaginal. En fin, muchas voces de desaprobación y presión para que reevaluara la decisión de tener un parto consciente.

 

Pasaron los días y Lucho y yo continuamos nuestro proceso de preparación. Carolina, partera y cómplice, llegó a Cartagena el 7 de diciembre. Estuvimos tres días fortaleciendo nuestro vínculo de confianza y alistando todo para el Gran Momento: idas y venidas al centro a buscar las hierbas que necesitábamos, masaje de apertura de caderas, sesión de baile, diálogo para compartir sueños, miedos y liberar tensiones.

 

El sábado 10 de diciembre, Carolina me dijo que esa noche habría luna llena, una luna roja muy especial…Cualquier cosa podría pasar.

 

Estábamos viviendo en la casa de mis papás mientras emprendíamos una remodelación sin fin de nuestro apartamento. Todos los días iba a estar listo para la mudanza, todos los días faltaba un detalle y todos los días posponíamos nuestros planes. Ese sábado desde la mañana amanecí con ganas de irme definitivamente al apartamento. Lucho me confirmó (como todos los días) que no estaba listo.

Como a las 3 p.m. Caro y yo salíamos de la casa de mis papás a encontrarnos con Lucho en el centro, queríamos recoger troncos y otras cosas para decorar el apartamento. Justo antes de salir quise ir al baño. Ahí noté que estaba botando el tapón mucoso y entendí que el parto iba a llegar pronto, pero jamás me imaginé que estuviera tan cerca. Le comenté a Caro y luego a Lucho. Casi se muere de los nervios. Decidimos que nos mudábamos esa misma tarde.

 

Empecé a sentir cólicos leves que no nos impidieron salir a comprar algunas cosas para la casa. Volvimos a la casa de mis papás, empacamos todo, Lucho fue a comprar una nevera que necesitábamos, llamamos a alguien para que nos colaborara con el aseo y a las 7.30 p.m. estábamos en nuestro apartamento.

 

De repente, empecé a sentir contracciones dolorosas. Las tenía cada cinco minutos y duraban 30 ó 40 segundos. No entendía qué estaba pasando porque según los mil y un libros que leí esta etapa era muy avanzada y yo pensé que apenas estaba en el comienzo de mi parto. Cuando dejé de entender, empecé a sentir. Me quité el reloj, dejé de contar contracciones y me dejé llevar.

 

Mientras mis contracciones iban y venían, Caro y Lucho lograron arreglar todo. Había velas, luz tenue, música y tranquilidad. Caro me sugirió un baño de agua caliente que me sentó muy bien. Mientras me bañaba, recibía agachada las contracciones. Estaba agotada y Caro me dio hoja de coca.

 

Salí del baño y las contracciones se hicieron más fuertes y dolorosas. Lucho estaba conmigo, yo le agarraba fuerte la mano, lo mordía, lo rasguñaba, le pedía que no se fuera, que se quedara junto a mí. Era lo único que necesitaba en ese momento y ahí estuvo de principio a fin.

 

De repente, empecé a sentir unas enormes ganas de pujar y ahora sí que no entendía nada. Todo estaba pasando muy rápido. Carolina me decía que ya estaba en la última fase del parto y yo no le creía. Pensaba que me decía todo esto para tranquilizarme y darme ánimos. Le pregunté que cómo era posible si ni siquiera había roto fuente. Como única respuesta sentí a los pocos minutos la fuente rompiéndose. Sentí que me moría una y otra vez. Sentí que daba berridos como un burro, como una cabra.

 

Carolina le pidió a Lucho que me soltara y viniera a recibir a su hija. Me pidió a mí cambiar de posición. Yo no entendía nada, pero no quería que Lucho se fuera de mi lado. Sólo tenía unas ganas incontrolables de pujar. Trataba de seguir las recomendaciones de Caro, respirar profundo, controlar el pujo…No siempre podía.

 

En muy poco tiempo 3.400 gramos y 51 centímetros de pura Victoria hicieron equipo con Lucho y conmigo, atravesaron mi pelvis estrecha y saludaron a la luna roja que todo revuelve. Lucho recibió a su hija sana y hermosa. El mejor regalo de la Vida.

Esperamos a que el cordón dejara de latir, Lucho lo cortó y lo amarró. La placenta alumbró pronto y mientras tanto nosotros consentíamos a Victoria, la guiábamos hacia la teta. Llamamos a los abuelos para que vinieran a compartir nuestra alegría, ellos acudieron incrédulos y felices.

 

Caro, gracias por darme la confianza y la tranquilidad que tanto necesitaba. Esta lucha continúa.

 

Victoria, desde hace nueve meses eres la luz de mis días y hoy brillas con gran intensidad. Gracias por elegirme.

 

Lu, qué bendición que seas mi compañero de vida. Gracias por confiar en mí.

 

Mamá, gracias por tu infinito amor de madre y paciencia de mujer sabia.

 

Yoyi, estás y estarás siempre aquí conmigo. Yo estoy contigo.

 

Papá, auli, Rafa, gracias por su apoyo, su cariño incondicional y su tolerancia.

 

Cartagena, 14 de diciembre de 2011.

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¿Qué por qué tomamos la decisión de tener a nuestra bebe en casa? Pues me surgen muchos sentimientos, imágenes e ideas. Sin embargo, lo primero que pienso es que no me arrepiento y que fue una de las, sino la mejor experiencia de mi vida, en tanto mujer, mamá y esposa.

 

La posibilidad de elegir como queríamos traer a Paula a este mundo, ser respetada, amada y comprendida en ese momento, tener a Christian a mi lado y sobretodo acoger a nuestra bebe en nuestros brazos sin interrupción justo después que salió de mi cuerpo, compensan todo el dolor y la incertidumbre que genera un parto en casa.

 

Siento que he dado un paso gigante, que aprendí mucho de esta experiencia, que soy una nueva mujer, mamá y esposa. Siento que he contribuido un poco a generar reflexión entre mi familia y amigos de lo que significa parir. Entender que el parto, además de ser un evento físico, es sobre todo un evento espiritual, es una celebración a la vida, a la humanidad, a las mujeres, a lo femenino. Es una oportunidad para crecer pero también para volver a lo mas básico, volver a nuestra condición animal, aceptar con humildad que todos somos parte de la naturaleza, que somos parte del engranaje de la vida y que la vida es sabia, que debemos confiar en ese engranaje y en la capacidad de nuestro cuerpo y mente para crear otra vida.

 

Unas semanas antes del parto estaba muy nerviosa. Durante casi todo el embarazo tuve náuseas y me parecía increíble que a pocas semanas de parir todavía las tuviera. Ese fin de semana, como siempre, teníamos varios compromisos sociales, pero le dije a Christian que quería empezar a preparar el nido, que necesitaba un tiempo para mí y me quede sola en casa. Empecé a preparar la música que quería escuchar durante el parto, la estaba escuchando y la música me puso melancólica. Me preguntaba porque todavía tenía nauseas, porque estaba tan nerviosa. Me acordé que cada vez que miraba el espejo, veía la barriga y me sorprendía ver que estaba embarazada. Me di cuenta que después de casi 9 meses, no estaba lista, que me aterraba la idea de tener una segunda hija, de no tener tiempo para las dos niñas, de traicionar a Sarah, de no poder dedicarle tiempo, de que nuestra relación cambiara, en fin, me aterraba el cambio que se venía para mi familia.

 

Le hablé a Paula y le pedí que me ayudara a prepararme para su llegada, le dije que tenía muchas ganas de conocerla y de tenerla en mis brazos. También me di cuenta que mi mamá, quien falleció hace 9 años, me hacía mucha falta y que la necesitaba en ese momento. Después pensé en las mujeres de mi familia, en mis hermanas que eran mamás, en mis hermanas que no eran mamás pero nos cuidaban como si lo fueran, en mis cuñadas mamás de mis sobrinas y sobrinos, en mi tía que fue como una mamá para todos, en mi mamá quien además de 4 hijos, acogió a otros 5 como si fueran suyos. Pensé en mis abuelas de quienes muy poco se. Pensé en la mamá de mis hermanos quien murió dando a luz a otro hermanito a quien nunca llegamos a conocer. Les pedí a todas ellas que me acompañaran en el parto. Me dije que la experiencia de parir en casa iba a reivindicar la posibilidad de las mujeres de mi familia de parir de una forma segura y natural, sobre todo después de la trágica experiencia de mi hermanito.

  

Los médicos me decían que Paula ya estaba a punto de llegar. Aunque todavía faltaban semanas, ellos predecían que llegaría antes de las 40 semanas. Comenzamos entonces a preparar el nido. Decidimos que Paula iba a nacer en nuestro cuarto, rodeada de fotos de la familia, de mi mamá, velas y luces tenues. Fuimos a la plaza de mercado a comprar las hierbas para las infusiones y los baños. Compramos las toallas, el balde, el plástico. Todo estaba listo. Durante muchos días hicimos masajes, ejercicios, practicamos las posiciones para aliviar el dolor. Escuchaba mi sesión de auto hipnosis con frecuencia. Y nada. Paula no llegaba.

 

Era enero y había mucho sol. Todo estaba tranquilo. Sarah estaba de vacaciones de su jardín infantil. Todos los días salíamos a caminar y a jugar al parque. Una tarde caminamos mucho. Me antojé de una hamburguesa, después llegue a la casa y seguí comiendo y comiendo. Nada me saciaba. A las 3:00 am sentí algo extraño, me levanté, fui al baño y se me ocurrió que de pronto era el tapón mucoso, pero como había sentido tantas cosas en los últimos días, no quería volverme a ilusionar que ese era el momento. Me acordé que hacía dos días había visto a Carolina, mi partera. Paula ya estaba abajo pero estaba mirando hacia un lado. Caro me hizo un manteo y Paula se acomodó mejor, la barriga me cambió de forma.

 

No podía dormir más. Tenía cólico. Me puse a escuchar mi sesión de auto hipnosis, la parte para escuchar durante el trabajo de parto. A las 5:30 le dije a Christian que tal vez había llegado el momento pues ya sentía dolor frecuente cada 2 minutos. A las 6:30 llame a Caro, le dije que tenía cólico y que me parecía que eran contracciones. Me dijo que me tomara un agua de canela bien cargada. Ese día tenía cita de control con mi médico obstetra. Nos alistamos para salir y dejar a Sarah con mis hermanas. A las 8:00 ya estaba segura que tenía contracciones. Cambio de planes. Vamos a dejar a Sarah donde mis hermanas, pero no vamos al médico. Si voy con contracciones me deja en la clínica y yo no quiero que Paula nazca allí. No quiero ese ambiente frio, neón, estéril. Quiero que nazca en el calor de nuestro hogar, con mi fuerza y con mi plena consciencia; que Christian este conmigo, que la reciba; que yo la pueda amamantar inmediatamente. Que la placenta también nazca a su propio ritmo.

 

Dejamos entonces a Sarah y volvimos a nuestro apartamento. Las contracciones todavía no eran tan fuertes pero las sentía seguidas. Empecé a contabilizar: llegaban como olas fuertes cada 5 minutos y duraban 1 minuto. Christian empezó a preparar nuestra habitación, despejar el lugar que habíamos escogido, recoger los juguetes de Sarah, sacar las hierbas, poner las fotos. Yo me senté encima de la pelota de yoga y empecé a organizar mis notas de ayuda. La idea era pegarlas en la pared, para que, si podía, en cada contracción leerlas y acordarme de cosas importantes: porqué estaba haciendo esto, qué me motivaba, qué me ayudaría a sentirme mejor. Las notas, más que notas, eran palabras: ¡Confía!, ¡Sonríe!, ¡Relájate!, ¡Entrégate!, “Paula sabe cómo nacer”, “En pocos momentos Paula estará en mis brazos”, “Elijo dar a luz con respeto y rodeada de amor”

 

A las 9:00 sentía cada vez más fuertes las contracciones. Llamé a Caro y me dijo que ya venía. Entre a ducharme con la pelota, hice ejercicios. Salí de la ducha y las contracciones se hacían más fuertes. Christian me sostenía, me ayudaba a acomodarme como menos me doliera. Empecé a sentir nauseas, fui al baño y sentí que empezó a salir líquido. ¡No lo podía creer, había roto fuente! Con Sarah no ocurrió naturalmente. El médico la rompió para acelerar el proceso. Llame a Caro y le conté. Ya eran las 10:00.

 

Había llamado a mi hermana Liz y ella llego en el momento cuando rompí la fuente. Solo a Liz le contamos nuestros planes. No queríamos que la familia nos juzgara y que nos hicieran dudar de nuestra decisión. Sabíamos que si les contábamos iban a estar muy preocupados y nos iban a pasar esa preocupación.

 

La historia oficial era que Paula iba a nacer en la Clínica Marly y de hecho, hicimos todos los trámites administrativos para ello. Cuando llevamos nuestro plan de nacimiento a la Clínica y quisimos hablar con el equipo médico a cargo acerca de nuestras preferencias para el nacimiento, una enfermera nos miró como si estuviéramos locos. Pedimos hablar con el jefe de la unidad de obstetricia, pero no fue posible. No había un mecanismo para poder transmitirle a la institución nuestros deseos de cómo queríamos que naciera nuestra hija. Pienso que existen más opciones y mejor “atención al cliente” para comprar pan que para elegir como traer a nuestros bebes al mundo. Todos los partos son atendidos iguales como en una fábrica. Con relojes en mano, con los mismos instrumentos, medicamentos, con la misma anestesia, con la misma desconexión, sin la más mínima consideración emocional a la mama ni al bebé, quienes están a punto de sufrir una de las rupturas físicas y emocionales más grandes de sus vidas.

 

Me sentía muy cansada y desde ahí, los recuerdos empiezan a ser muy borrosos en mi mente. Christian me dice que llamó dos veces más a Carolina. Abracé a mi hermana, le agradecí por acompañarnos y le dije que tenía muchas ganas de ir al baño. Me senté en el inodoro y casi me quedo dormida. El sueño era muy pesado pero seguía sintiendo las contracciones. Llegó Josefa, mi doula, y me dijo que me acostara a dormir un poco, pero yo no soportaba estar acostada, me dolían mucho las contracciones. En ese punto pensé: ¿en qué me metí? ¡Esto duele mucho!

 

Y en realidad si duele, no lo voy a negar. Pero el dolor no es malo en sí. El dolor ayuda a pujar. El dolor ayuda a que la bebé baje, ayuda a que el cuerpo se abra, a que la bebé salga. Es natural que duela. Es sano que duela. Lo bueno duele. ¿Por qué le tendremos tanto miedo al dolor?

 

Josefa intento darme un masaje pero mi cuerpo no quería. Yo me acomodé como una ranita en el suelo con los codos encima de la cama.  Las ganas de “ir al baño” que después comprendí, eran ganas de pujar, eran cada vez más intensas. Después de que en el parto de Sarah me habían dicho que “yo no podía dilatar sola”, se me hacía inimaginable que yo hubiera “logrado” dilatar sin ninguna ayuda de mi doula ni de mi partera. ¡Pero si era cierto, aunque yo no lo entendí en ese momento, si había dilatado! Mi cuerpo sabía exactamente qué hacer y lo estábamos ayudando en el ambiente en el que estábamos. La oxitocina, la hormona del amor, fluía ya que me sentía segura, amada y acogida.

 

Cuando llego Carolina me ayudaron a sentarme en una silla de parto. Christian me dice que me tomaron el pulso y empezaron a preparar las cosas: las toallas, el balde, el plástico, las hierbas, los caldos. Yo solo estaba concentrada en las contracciones. Cuando venían eran muy fuertes y las ganas de pujar eran insoportables. Christian me sostenía. Josefa me daba la mano y me decía “sonríe” que era lo que decía una de mis notas pegadas en la pared. Yo me acordaba que si sonreía, mi cara se distencionaba y abría la garganta, lo que también me ayudaba a que el canal del parto se abriera.

 

No me moví de la silla de parto. Christian me recordaba respirar por la nariz. Cuando acababa la contracción Josefa me decía abre la boca, sonríe, abre las manos, me daba masajes en las manos. Pregunté que cuando iba a nacer Paula. Caro dijo que cuando Paula estuviera lista. Pregunté que debía hacer. Caro dijo que todo lo estaba haciendo bien. Grité que no podía más y le dije a Paula: “sal ya” “no puedo más”. Pero no pasó nada diferente, las contracciones seguían y yo seguía empujando en cada una de ellas.

 

Carolina salió del cuarto y después llegó muy linda toda vestida de blanco. Trajo hilo blanco grueso, lo que después entendí era para cerrar el cordón umbilical. Caro le dijo a Christian que se lavara las manos. En ese momento me di cuenta que estaba a pocos momentos de tener a Paula en mis brazos. Sentí alegría de saber que ya pronto la labor de parto iba a terminar, porque hasta ese momento, no tenía ninguna idea en qué fase iba. Josefa, también vestida de blanco, trajo la manta para recibir a Paula, se la dio a Christian.

 

¡Carolina me dijo que tocara a Paula, que ya la podía sentir! Sentí su cabecita. Me dijo que jadeara cuando me dijera, que no pujara más. ¡De repente empecé a sentir que me quemaba por dentro, estaba muy caliente! La cabecita empezó a salir sin que yo me esforzara, sentí como salía la cabeza Paula y después salió todo su cuerpecito.

 

Christian recibió a Paula en sus brazos a la 1:05pm y la acogió a nuestra familia. Después Carolina la puso en mis brazos. Paula abrió sus ojitos y empezó a mirar a su alrededor. Nunca me olvidare de esa mirada tan tranquila, tan segura de sí misma, tan exploradora de sus alrededores. No lloró. Yo estaba en éxtasis, maravillada de tanta belleza. Por fin tenía en mis brazos a mi chiquita. Christian estaba a mi lado. Todo era perfecto. Paula sollozó. Le di muchos besos. Les dije gracias a todos y se me salió un “¡lo logramos!” muy entusiasta. Pensé inmediatamente en como Paula era de parecida a Sarah cuando nació.

 

Paula tenía un chichoncito en la cabeza que se le fue desvaneciendo como por arte de magia. Caro dijo que no había salido mucha sangre pero aun debíamos esperar el nacimiento de la placenta. Me ayudaron a acostarme en la cama. Paula no quería amamantar todavía. Llamamos a mi hermana Liz para que entrara a acompañarnos. Nos abrazamos y sentí que mi mama estaba también presente con nosotros. Pensé en ella y en todas las mujeres de mi familia. Paula empezó a amamantar con fuerza.

 

Esperamos más o menos 1 hora a que la placenta naciera. Yo seguía con contracciones y estaba muy cansada. Quería que todo terminara, no me esperaba que el nacimiento de la placenta durara tanto tiempo. Después de 1 hora, sentí de nuevo como salía algo de mí. Caro, Josefa y Anamer –la aprendiza de partería- se maravillaron de este segundo nacimiento. Christian corto el cordón umbilical y en ese momento Paula se separó completamente de mi cuerpo. Anamer y mi hermana me dieron caldo, semillas de chia, ruda, polen, todo para reponerme de semejante experiencia.

 

Decidimos no vestir a Paula. Nos quedamos abrazadas piel con piel. Ella pegada al pecho la mayoría del tiempo. Christian llamó por teléfono a las familias a anunciar  la llegada de Paula. Preguntamos a mis hermanas cómo estaba Sarah. Paula hizo popo en la sabana donde la teníamos, y caímos en cuenta que deberíamos ponerle panal. Con una pesa que parecía de plaza de mercado, la pesamos, tenía 3400 gramos.

 

Tomamos fotos, ellos comieron pizza y yo caldito. Caro, Josefa y Anamer se fueron con el compromiso de llamarlas si tenía preguntas, me recomendaron tomar la ruda toda la noche para aliviar los entuertos y quedamos en vernos al otro día. Mi hermana fue a recoger a Sarah.

 

Yo estaba muy pendiente de cómo Sarah iba a reaccionar con su hermana. Llego a las 6:30pm y saludó a su hermana con mucho cariño y alegría. La besó muchas veces. Yo me puse muy feliz de ver a mi otra bebe y tener por fin a familia reunida. Nos acostamos los 4, ¡ya éramos 4!, abrazados en la cama. Yo sentía mucha felicidad y este estado de felicidad pura que no sé muy bien como describir perduró muchos días después del parto.

 

A los 40 días hicimos el cierre de la cuarentena. Caro, Josefa y Anamer hicieron rituales con hierbas, cereales y vegetales. Caro me dio un masaje y me invitó a  pensar en cómo Paula había cambiado nuestras vidas. En cómo una nueva familia se había formado con su llegada. En la nueva mamá y el nuevo papá que éramos. Durante esos momentos, recordé todas las etapas por las que había pasado. Desde la concepción de Paula, los primeros meses del embarazo, la transformación de mi cuerpo, hasta el milagro de su nacimiento. Una vez más me maravillé del poder y de la sabiduría de mi cuerpo de mujer, capaz de concebir y traer bebes a este mundo. También una vez más comprendí que todo este proceso, además de ser una transformación física, es una transformación espiritual. Le doy gracias a Dios, a Paula, a Sarah y a Christian por ayudarme a vivir esta experiencia con plena consciencia.

 

Casi 6 meses después del parto, termino de escribir esta historia, cada vez más convencida que fue la mejor experiencia de mi vida y esperando que en el futuro muchas más mujeres se animen a vivir sus partos de una forma más natural y humana. Es tan simple como ser conscientes de nuestro poder femenino.    

 

La Siembra de la Placenta

 

El 17 de abril nos reunimos con Caro, Josefa y la familia para la siembra de la placenta en un bosque. Con Sarah habíamos pintado la olla de barro que contenía la placenta con colores y símbolos diferentes. El significado de la siembra era de dar a Paula y Sarah un punto de referencia, un lugar de ellas en el mundo con el cual tendrán un vínculo emocional y espiritual para toda la vida. También era el momento de agradecer a Dios y a la Naturaleza, a través de un ritual íntimo que era la siembra del órgano que alimentó y formó a Paula durante los 9 meses del embarazo. Era la ocasión de reflexionar sobre el milagro de la vida y expresar nuestros deseos para la vida de Sarah y Paula – amor, felicidad, confianza, ser acompañadas por la familia y amigos quienes las quieren y las guían en su camino. Sembramos la placenta en la tierra a más de 1 metro de profundidad, acompañada de flores, chocolate, hierbas, frutas y hortalizas. Encima ahora crece una planta simbolizando el círculo de la vida. De vez en cuando vamos con las niñas para, entre otras cosas, nunca se nos olvide, donde está enterrado nuestro tesoro:

 

http://www.youtube.com/watch?v=qM_LK02u92Y

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Como un sueño que se materializa a través del amor, nuestro parto comienza al despertar muy temprano un domingo, Cristian me cuenta que acaba de soñar con el parto, yo le cuento que acabo de soñar con el parto. Soñamos al mismo tiempo con el nacimiento de Sol Asiri, la recibíamos en casa, yo la miraba y ella me sonreía, de allí su nombre Asiri, sonriente. La placenta se demoraba porque nos quedábamos embelesados con el alumbramiento, pero luego nos concentrábamos de nuevo y  listo, nacía completa.

Dos días después de nuestro sueño, Sol anuncia su llegada con el amanecer, contracciones que no eran tan constantes pero si fuertes me hacen llamar a nuestras parteras: hermosas guardianas de los ciclos, quienes nos acompañaron en la preparación para el nacimiento en casa desde la semana 28 de embarazo; primero llamo a Carolina, luego a Alejandra y por último a mi hermana Omaira, que quería acompañarnos en el parto, todas ellas en Bogotá y nosotros en nuestro nido en Ibagué.

Intuición, es la palabra que escucho de Alejandra a través del teléfono, es la intuición la que debemos seguir para que las mujeres de los ciclos viajen desde Bogotá para asistir nuestro alumbramiento; y así con agüita de canela, sintiendo cada señal, el apetito, el sueño, el ritmo de las contracciones …, Caro y Aleja deciden tomar un avión para asegurar su llegada a Ibagué, Omaira viaja por tierra. Llegan las tres al atardecer y comienza el ritual.

 

Primero les mostramos el nido con los elementos que fuimos creando durante el embarazo, entre ellos, algunos que nos sugirieron nuestras parteras, como el totumo y la mochila para sembrar la placenta, los elementos para cortar el cordón umbilical, etc. Luego viene toda una revisión de mi estado y de Sol, un masaje para estimular su llegada y unas plantas para hacer más constantes las contracciones. Llega la noche y todos tomamos un descanso, esperando que el alumbramiento fuese en la madrugada.

 

De nuevo, Sol anuncia su llegada con el amanecer, pudimos dormir toda la noche plácidamente y solo hasta a las seis de la mañana voy al baño, nace el tapón mucoso! y con mucha alegría, Cristian las despierta a todas y nos sentamos a hablar. De repente siento un golpe fuerte en el útero, pensé que Sol se había movido fuerte, fui al baño y con fuerza comienza a fluir el agüita protectora de mi hija, se rompen las membranas: allí comienza el viaje de fuerza y sanación…

 

Desde ese momento las contracciones se vuelven constantes y cada vez más intensas, las parteras comienzan a preparar todo y me voy inmediatamente al nido. Allí llega Cristian, mi compañero, ofreciéndome alimentos pero solo puedo mantenerme con mambe, hermosa medicina que me da mucha fuerza para parir. A través de esta medicina, de la medicina del amor de mi compañero, la fuerza y sabiduría de las mujeres que me asistían, transcurre toda la mañana llevando las contracciones con respiraciones profundas, con mantras y palabras amorosas de las parteras, de mi hermana Omaira y Cristian.

 

Ya entrado el mediodía, Aleja me sugiere un baño con agua caliente, con esfuerzo logro salir del nido para ir al baño y allí mi compañero me baña una y otra vez y me ayuda a recibir las contracciones mas fuertes con mucha atención y fortaleza, mas tarde Caro me sugiere tomar un baño de sol, de nuevo con esfuerzo salgo al patio. Allí Cristian me muestra el fueguito que encendió para darme ánimo y fuerza.

Recibiendo el sol de mediodía llegan las contracciones más fuertes, siento cómo mi cadera se abre y le da paso a mi hija, inmediatamente las parteras deciden que tenemos que ir al nido para el alumbramiento. Al volver al nido comienza el pujo, yo me siento sobre las piernas de Cristian, a esas alturas ya no tenía mucha fuerza física pero si mucha fuerza en mi corazón; todo el tiempo pensaba en las abuelas, las madres y llegaba a mi conciencia que la fuerza y  el amor de la mujer es la sanación y el sostenimiento de este mundo.

El momento del pujo se estaba alargando y yo cada vez me sentía mas débil al punto de pensar que no iba poder mas, Caro y Aleja observan la situación, y Caro resuelve ayudar a retirar un membrana que interfería con la coronación, gracias a eso, de allí en adelante el pujo se vuelve más efectivo y me sugieren colocarme en cuatro apoyos para que Cristian reciba a Sol.

Llega el momento de luz! Cristian me dice que ya ve la cabeza, Caro retira la vuelta de cordón con la que venía mi bebe, ¡Amor y alegría infinita! nace SOL ASIRI, la recibe Cristian y las parteras la atienden con amor, yo recibo a mi hija entre mis brazos e inmediatamente la pongo en mi pecho, siempre a mi lado, nos reconocemos, nos miramos, nos sentimos piel con piel.  En el nido también nos acompaña mi hermana, con amor y fortaleza, realiza el registro de su llegada.

 

Aún falta la mitad del parto, la placenta: la abuela, la compañera, se demora y muy atentas las parteras masajean mi vientre para estimular su nacimiento, luego de media hora nace la placenta estando en cuclillas, nace completa, hermosa color rubí. Luego Cristian la conserva con cenizas dentro de la mochila y el totumo para ser sembrada al cumplir el ciclo del puerperio.

Así comienza toda una etapa de amor y aprendizaje, Sol Asiri, Cristian y yo, compartimos el lecho en una noche de nuevas experiencias y alegría infinita. Las parteras nos acompañan durante dos días, enseñándonos masajes y cuidados para Sol Asiri, también cuidados para mí.

 

Hoy, luego de seis meses de amor y aprendizajes, seguimos recordando con mucha emoción y agradecimiento el momento del nacimiento de nuestra mayor alegría, del amor que llena nuestros corazones. Seguimos aprendiendo sobre la fuerza de la mujer, de la fuerza femenina acompañada de la fuerza masculina, creyendo en la naturalidad de los ciclos; seguimos caminando el sendero de la vida.

 

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El 16 de Agosto de 2011 a las 3am me levanté al baño, como usualmente lo hacía desde la semana 33 de embarazo, y expulsé un líquido transparente abundante y pegajoso… parecía que había roto fuente. Para entonces tenía 39 semanas y tres días. Me regresé del baño y le dije a Esteban, de la salida del líquido, buscamos en internet a ver si encontrábamos descripción exacta de la fuente, no encontramos mucho, entonces decidimos dormir y esperar a que llegara el día para llamar a Alejandra o a Carolina (las parteras). Cuando apenas nacía el sol, empezaron las contracciones suaves e inconstantes, parecían un cólico, pero en esta ocasión, mi útero se contraía mucho y yo podía sentir mi panza dura y expandida. En medio de las suposiciones y contradicciones de pareja, decidimos hacer el amor. Tal vez sería la última vez que estaríamos juntos con B´alam en mi vientre. Además sabía que esto nos ayudaría a abrir el cuello del útero. Fue maravilloso sentir la piel, fusionarnos en uno solo para sentir el nacimiento de nuestro hijo.

 

Nos levantamos y hacia las 8am llamamos a Carolina, le contamos cómo iba la situación con mucha calma, ella celebró muy tranquila y nos dijo que volviéramos a llamar en unas dos horas, cuando las contracciones fueran más intensas y seguidas. Alejandra se adelantó en el desplazamiento hacia nuestra casa, y llegó una hora después.

 

Nos bañamos y empezamos a arreglar la casa para que todo estuviera listo en el momento del parto. Cuando Aleja llegó, las contracciones habían cesado un poco, nos fuimos a caminar por lo menos por cuarenta minutos, entre los caminos de la montaña, respirando profundo, escuchando los pájaros, impregnándonos de paciencia y aceptación, finalmente, lloviznó. Cuando regresamos a casa nos sentamos a hablar y de vez en cuando venía una contracción, yo respiraba y seguíamos hablando. La energía femenina desde la palabra hacía su trabajo, Aleja me dijo que a veces la fuente se rompía, y el parto no seguía de manera activa, que no había afán. Eso me angustió, pues quería que fuera pronto, pero, entre más pasaba el tiempo, me daba cuenta que esa posibilidad era más real, las contracciones seguían desapareciendo.

 

Carolina llegó pasado el medio día, cocinaron una sopa y lentejas entre ellas y Esteban, subimos al segundo piso, para arreglar el espacio y me sugirieron que bailara danza árabe para que B´alam bajara y siguiera presionando el piso pélvico (querían que me inspirara en una de mis pasiones desde antes de la gestación, la danza). Bailé con mucha fuerza aunque era difícil con la panza. Las contracciones se demoraban en aparecer entre ellas pero eran cada vez más intensas. El efecto buscado por las parteras apareció, B´alam bajó y comenzó a intensificar las contracciones con la presión que ejercía.

 

Cuando la tarde se fue volviendo noche, empecé a entrar en un estado alterado de conciencia, no había noción del tiempo, del espacio; pusimos música, Esteban tocó guitarra y cantamos juntos. La canción que había hecho parte de nuestro sueño de parir juntos, estaba allí, entonada con la fuerza del nacimiento, cantamos a B´alam, a la tierra, al Jaguar. Las contracciones empezaron a llegar cada vez con más fuerza, al ritmo de la música, de la maraca.

 

Me colgaba de la escalera para recibirlas. Después de un rato solo quería estar colgada de allí, puse unas cobijas debajo y me sentaba a esperar. Cuando llegaba la contracción, me conectaba con mi respiración y el sonido de mi voz. Estaban me sostenía por mi espalda y me daba mucha confianza y fuerza. Allí pasó un tiempo largo, pudo ser una eternidad o solo un instante. Luego Aleja y Caro, me invitaron a que fuera al futón cerca al fuego, allí sentiría más calor.

 

Las contracciones se intensificaron, me prepararon un baño de agua caliente, y mientras caminábamos hacia allá me temblaban las piernas, pensé que no podía llegar. Tomaba remedios, preparados por las parteras,  tenía sed, me daban agua de coca. No sé en qué momento me aferré a Aleja, primero mi cara rozaba su pierna que me sostenía en cada contracción, luego le agarré la cintura, sentía que me daba fuerza, apoyo, impulso… lloré. Mi mente pensaba que era demasiado y quería rendirse, pero el corazón templado y lleno de amor, le entregaba en susurros todos los miedos a la tierra y le pedía al fuego más fuerza mientras escuchaba la voz de Caro diciéndome: “eres más grande que esa contracción, vueeeelaaa, saca tus alas de colores, ábrelas”. Sentía que las plumas del yauto (espada de plumas de la tradición indígena) que Esteban agitaba por mi espalda, despertaban aquellas alas de colores de las que aquella sabia partera hablaba, y… entonces la confianza volvía, y con ella las ganas de pujar.

 

Estaba en cuatro apoyos, Caro con Esteban por detrás, Aleja en frente. Caro me daba las indicaciones perfectas para el pujo, cuidando la capacidad de expansión de mi periné y Aleja me alentaba diciendo: “ya casi vez los ojos de tu hijo, mamá valiente”, Esteban no paraba de cantar, ese canto me regresaba a la tierra y me hacía conciente del momento presente. Pujé varias veces con toda, pero toda mi fuerza, sentí que salió un líquido que destapó mis entrañas, y no podía parar de reír…, no lo podía creer, ya venía mi bebé, mi hijo, ese que sentía moverse de manera abstracta en mi interior, pujé un poco más… la cabeza, luego otro pujo fuerte, unos más, y salió, llanto de bebé, conversaciones entre Caro y Esteban, me volteo… lo veo, me chupa la teta… estás vivo y sano hijo mío, te amo.

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12:46 Comienza trabajo de parto. Ya llega el Amrit Vela, la dulce hora del alba, el néctar que alimenta nuestra alma y que se derrama anunciando tu llegada Ariel. El  frío de la noche se mezcla en corrientes con el calor abrazador de nuestro lecho de amor. Los cuerpos se buscan tiernamente diciéndose secretos Universales en el lenguaje de una flor a punto de despertar. El rocío de Dios toca la puerta de nuestro corazón. 

 

1:03 Ámbar que nutre la fuerza Primordial. Estamos en tus ondas y en tus melodías que son el  suave secreto de tu inmortalidad. Pura ola creciente desde donde observo el sol eterno naciente. 

1:05 Bebé desciende

 

1:06 por el manantial de amor que el Supremo derrama a través de una madre santa. Los ángeles besan tu frente y empuñan tu alma. Todos los maestros asisten a esta celebración que comienza.  

1:08 Extasis, dilatación, expansión, sed, labios de Rosa abriéndose sedientos para recibir el viento húmedo del rocío del este nuevo amanecer en nuestra vida.

 

Ariel llega con la lluvia. Es jueves. Trabajo de Parto avanza y afuera el cielo derrama sus aguas invitando a Ariel a la celebración húmeda de su derramamiento. Cuerpo en línea con el canal de parto. Deseo profundo de pasar del medio líquido al medio seco. La lluvia entona el llamado a Ariel. Los abrazos de Dios a través de cada contracción comienzan a preparar la fiesta.  En Delivery Seva Siri y PanVivo. Jueves de Domicilios. Domicilio divino. Ariel llegas a tu destino final. Ana Mercedes viene por pan e impregna de seguridad, vida y confianza a la mona con solo su mirada y un abrazo.  Éxtasis.  Dilatación de las pupilas. Se elimina el cansancio y se empiezan a borrar las nociones del tiempo y el espacio.

 

Contracciones cada vez más constantes e intensas. Paseo húmedo por el Barrio. Delivery de PanVivo a Nati Mejía y caminata fría y expectante. Empieza a caer la noche y empiezan a aullar las lobas parturientas. Empieza a despertarse el instinto animal en la Mona. Su cuerpo y su aura están completamente transformados. Es el cuerpo de una flor de luz que comienza a abrirse. Radiante, sexy, con una presencia de mujer poseída por las Diosas de la fertilidad. Labios carnosos, ojos manantial circular de luz. Todos vestidos de Blanco respondiendo al llamado para asistir a la ceremonia de tu vida Ariel. Los parteros de Blanco, Mona de Blanco, Bastianji de Blanco. El cielo cargado de un Blanco aguacero. Ariel Blanco.

 

Los parteros duermen y papá sostiene a mamá tendida en el lecho del infinito. Su conciencia ha dado paso al ilimitado Ser Supremo. Yace en 4 puntos de apoyo, rendida a la Madre y cobijada por el Padre celestial. Respiración tenue a punto de detenerse. Vida o muerte, silencio, dolor, llanto mudo, canal de parto empezando a dar la bienvenida a Ariel. Papá por detrás en el punto ciego que abriría la puerta a la vida. Mamá entregada a las olas que dan y quitan el aliento de la vida. Murmuro de mamá evidencia de vida. Papá pide señales de que mamá sigue en determinación de avanzar hacia la Dicha. ¨Monita¨, ¨Monita¨. Heces fecales y tapón mucoso deslizándose y avisando tu venida hijo nuestro. 

 

Éramos en ese momento los 3 y Dios. Y Unkay. El cansancio había descabezado nuestros miedos y las dudas de nuestra mente. El agotamiento en su cúspide máxima le abriría paso a Dios. La Suprema Divinidad ahora tomándonos como su Divino instrumento para parir un hijo suyo. Nos habíamos tardado un par de horas para CREER de Verdad, Verdad. Por más de que decíamos tener fé, lo desconocido es abrumador y ciega la lucidez de la mente neutral. Solo cuando desistimos de luchar en contra, fue cuando se mostró la luz del verdadero abrigo de Gracia que siempre nos protegió. Y allí, habiendo muerto en vida, Clara se despojo de Clara, y llegó la Claridad de su Divino Nombre. Y de los labios de la Comadrona, y el consentimiento de Ramiro su Divino Aliado: ¨Clari!!! ARIEL NACE ACAAAAAAA¨.

 

Y en el ambiente ya se empezaba a sentir la Claridad del nuevo día. Nunca podremos olvidar el olor de la madrugada del 13 de Mayo del 2011 cuando Ariel remó en espirales en el océano uterino conectándolo con el afuera Sol.  El aire impregnado de vida. Miradas anunciando tu pronto aterrizaje Ariel. Mamá en cuclillas sostenida por Ariel desde su vientre que animaba a que tuviéramos un poco más de paciencia, más fe, más entrega. Ramiro por detrás de Clara prestándonos sus brazos, su aliento, su pensamiento claro, su silencio, su sabiduría. Ramiro en Ayuno espiritual dese que comenzó el trabajo de parto y hasta la celebración de tu llegada Ariel.

 

Mirábamos hacia el Nor-Oriente. La vagina de Clara buscaba el Sol. Como si Ariel direccionara el canal de parto hacia el Padre Superior proveedor de toda la luz. Comienza la fase de Pujo cuando Caro le pregunta a Clari que si tiene ganas de pujar. Mágico y diestro control de Caro nuestra Comadrona en cada indicación. Sincronía perfecta entre Dios, Ariel, Clara y Caro direccionando el último tramo del descenso. Ariel ya sabía cómo iba a ser su llegada al mundo. Él lo había escogido de esa manera. Costaba trabajo creer que todo iba a ser así de perfecto. Ramiro monitoreaba dilatación y corazón de Ariel:  ¨UUUYYYYY Madre, muy bien¨ era todo lo que decía. Sigue el descenso en Espiral. Movimiento lento pero hacia abajo. Cuerpo encajado empieza a asomarse. Vagina de Mamá como la boca de una serpiente regurgitando lentamente el fruto de la vida que creció en su vientre. O más bien un Ojo abriéndose milímetro a milímetro.

 

La mirada de Dios era tu cabeza Ariel, empezando a asomarse por los labios de mamá que se estiraban pronunciando la vocal abierta y expansiva que iba a dar tu vida. La vagina decía AAAAAAAAAAAAAAA, y el perineo se extendía como un valle. Papá puso sus tres dedos para proteger que no se rasgara. Te toqué Ariel, por encima del tejido de Mamá avisándote que faltaba poco. Tu coronilla contrastando con el canal luminoso de parto, era un radiante ojo de mirada profunda en busca de un renacimiento, de un despertar. Tu alma empujaba también silenciosa. Tu seguías nadando hacia la orilla de tu siguiente reencarnación. Este cuerpo que tienes Ariel, esta vida, en  este hogar y estos padres tuyos que dispusieron todo para recibirte de la manera más amorosa, natural y respetada posible. Mamá miraba al otro lado de su conciencia. Papá con su mirada fijada entre las piernas de mamá, maravillado de como otro ser brotaba del interior de su esposa. Ella entre llanto, pero en control del instante sostenida por su instinto, por el recuerdo de su parto, y la memoria Universal de haber ya parido luz y hombres en otras vidas.

 

Una heroína, una doncella, una bestia, una fiera en su clímax. Toda la fuerza que podrás manifestar alguna vez en un solo instante, fue el momento en que pariste a tu hijo en casa. Guerrera de Luz eres Seva Siri. Fuerte, templada,  valiente y tierna. Así también eran tus dulces pujos. Potencia y docilidad. Dolor y placer combinados. Olor a agua sagrada que purificaba todo el ambiente. Purificación Astral y Vital. Eso es tu nacimiento Ariel. Mamá viajo a otras vidas y tomó la fuerza de todas las Madres de la historia. Clara no era Clara. Era Mamá Universal manifestando su naturaleza de Hembra fértil y sana.

 

Se asoma toda la corona. Clara debe respirar y dejar que naturalmente Ariel haga su trabajo. Movimiento Helicoidal. Sale corona, presiona hacia atrás lanzando su cabeza y en espiral sale su rostro. Coreografía sincronizada. Salen hombros y en un solo instante un baño del líquido amniótico que termina de liberarse completamente. Meconio por todos los lados. Llanto. Una nueva creatura en los brazos de Papá. Lo llevo a los pechos de mamá. Lo sofocamos de amor presionándolo tiernamente con nuestros pechos, consintiendolo con dulces susurros de éxtasis. Las palabras se trancaban porque eran insuficientes para articular nuestro corazón. Silencio, sonrisa, ojos abiertos. Cuerpo de la madre descansa. El padre bañado de todo tipo de fluidos contiene a esa unidad Madre-hijo que se conectan por primera vez estando el afuera de ella, a través de un beso Universal desde el pecho generoso de la Madre a los labios del ya nacido. 

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Al despertar noté en su rostro y en su voz que el viaje había recién comenzado, a compases espaciados su vientre se contraía dejándonos saber que Vicente ya nos sonreía. En ese rumbo el sol continúo su camino en medio de masajes, meditación y compras de año nuevo. Justo en el momento en que se esconde dándole paso a la luna, en medio de un dolor fuerte, intenso y abrasador se hizo expresa la fuerza del parto. Para ese momento, la morocha ya se había puesto hermosa, habíamos encendido el fuego y nuestra habitación, donde iba a nacer nuestro hijo, estaba lista y calientica.


De aquí en adelante lo que decidimos consciente, racional, independiente y emocionalmente devino en algo mágico, ancestral y en armonía con la vida, con la realidad hecha fantasía y la ilusión hecha carne, sudor y sangre. En comunión activa con la maternidad y el ser mujer, y con la luz de Carolina y Ana Mercedes y de mi mano, Esther, mi diosa, mi reina y mi esposa se bañó, caminó, se acurrucó, se colgó, respiró, contuvo, jadeó y se entregó…a las 9:30 pm con mis manos abiertas recibí a un hombre, un hombre que con su llanto confirmó la alegría de esta vida llena de tantas cosas, un hombre que ahí, inmediatamente, sin intermediarios, sin miramientos de ningún tipo llegó al pecho de su mamá en donde ha estado feliz desde ese día. En segundos consecutivos, el árbol de la vida que había mantenido calientico a Vicente salió intacto y lo tenemos con nosotros para devolverlo a la tierra para darle gracias, muchas gracias.


Así fue el nacimiento de Vicente, para nosotros inmejorable. Y así será su crianza. Llena de amor, de presencia, de teta, de besos, de horas y horas y horas y horas y horas y horas de cercanía, de protección, de libertad…para nosotros inmejorable. En virtud de este rotundo convencimiento es que me embarga una tristeza desgarradora y aplastante no poder estar más horas y horas y horas y horas al lado de él, de Matilde y de mi Morocha.

 

Diciembre 2012

Mauricio Javier Silva Moreno

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