HISTORIAS DE UNA PARTERA

El miércoles 7 de diciembre del 2011 tenía el vuelo por avión a las 3:19pm por Copa Airlines, mi compañero y mi hijo, me llevaron al aeropuerto después de haber dejado planeadas estratégicamente las situaciones que como madre, usualmente me encargo.

 

Al aeropuerto llegamos a las 2 en punto e hice la fila para la registrada del pasaje, el equipaje fue recibido sin problema y el de mano, por cierto bien pesado con tanta planta medicinal, collares sagrados y otros varios de partera, pasó tranquilamente rayos X.

 

Cuando llegué a la sala de abordaje, la lluvia intenpestuosa y limpiadora arrasaba con los aterrizajes del aeropuerto El Dorado, entonces un retrasó ocurrió; dos horas esperé tranquila, tarareando canciones de cuna y leyendo. Abordé hacia las 6pm y mi llegada a Cartagena fue hacia las 7:10pm. El equipaje llegó sin problema y cuando salí del aeropuerto cartagenero, allí estaban, Mónica y Luis, los padres de Victoria, una panza enorme y feliz que me saludaba con una luz azul celeste.

 

Con abrazos de felicidad me dieron la bienvenida diciendo “sentimos como si ya nos hubiéramos conocido desde hace mucho tiempo… qué confianza!!!”.

Fuimos a la casa de la los padres de Mónica, y en el camino, Rafael, el futuro abuelo, me mostraba cada rincón de Cartagena otorgándose el galardón del  mejor guía turístico. Era en el Barrio Manga.

 

Llegamos a la casa y Gloria, la futura abuela y su madre, me recibieron con un abrazo y una cena estupenda fuera de la casa, pues como tradición, el día de la luz o de las velitas, toda la cuadra con sus hijos estaban celebrando con una olla gigante y leña listos para hacer el sancocho. Después de pelar ñame, papas, plátanos, ajos y demás, me rendí, el sancocho estaba demorado, todos celebraban los encuentros con los viejos amigos, y mi cansancio de madre, partera y esposa salía de mí; entonces, me acomodaron una habitación fresca, y entre historias y mil compartires, hacia la 1am me fui a dormir, sin comer sancocho.

 

Al otro día, los acompañé a hacer diligencias para su trasteo al nuevo apartamento que habían comprado meses antes, y el cual estaban remodelando. Vueltas de banco, playa un rato, escuchar a Luis contando las funciones en su trabajo con las Naciones Unidas, apreciaciones sobre este acompañamiento y muchas risas más. Mónica se bañaba en el mar y tomaba un poco de sol. En la tarde llegamos y un masaje con un delicioso aceite caliente, hicieron maravillas con la matriz mágica de Mónica. Victoria estaba un poco alta y rotada hacia la derecha de la madre, así que la acomodé con respiraciones mías, canto y sobos muy suaves; abrí las caderas de la madre, el pecho, desbloqueé chacras de conexión espiritual, e invité a su cuerpo a sentir, pues los últimos días habían estado muy racionales, planeando la obra del apartamento para que estuviera lista a mi llegada a Cartagena. Pero eso no había sido posible. Les hablé, los tranquilicé y les dije: “…que Victoria decida nacer cuando quiera, igual hay que empezar a hacer el nido…”. Y así fue.

 

Al otro día, el viernes 9 de diciembre, seguimos haciendo diligencias y consiguiendo plantas medicinales frescas, fuimos al centro, al mercado, donde los dos hierbateros conocidos, y ninguno tenía brevo, para hacer unos baños para calentar ese útero. Compramos otras plantas, pero secas.

 

Llegamos a la casa hacia las 2pm, almorzamos, y después de un reposo, decidí que era hora de danzar al nacimiento. Entre música árabe, samba y tambores africanos, me dispuse a dirigir unos pasos de apertura, de reconciliación con la pelvis de la madre, la cual había sigo violentamente decretada por un ginecólogo, como “pelvis estrecha”. Al final, todo era improvisación, la madre se conectó con la música y todo su cuerpo danzó entre mil gotas de sudor. Un agua de jengibre en infusión, bien caliente remató el día. La madre descansó toda la noche pudiendo dormir bastantes horas hasta el otro día.

 

El sábado 10 de diciembre, despertamos hacia las 8:30am, y cada uno hizo sus quehaceres en la casa, desayunamos tarde y hacia las 2pm, decidimos ir a la playa a recoger unos troncos para el nuevo apartamento y buscar unas plantas que faltaban. Cuando íbamos a salir, Mónica entró al baño, y cuando salió me dijo que el tapón mucoso estaba empezando su nacimiento. Celebramos y ella dijo: “tenemos que hacer el trasteo hoy, no podemos esperar hasta el lunes, quiero parir con tranquilidad e intimidad”. Y así fue, tomamos un taxi y fuimos a contarle al padre, los planes para ese día habían cambiado, los troncos quedaron esperándonos, fuimos a comparar elementos de aseo para que una persona ayudara con el tema y las plantas y mercado que hacían falta los conseguimos. El padre fue a comprar la nevera para el nuevo espacio.

 

Hacia las 5:30pm, llegamos a la casa, empacamos lo básico y tomamos un taxi, mientras el padre de Mónica, llevaba las cajas en la camioneta.

 

Tomando el taxi, llegó la primera contracción perceptible, un cólico muy suave acompañado de una fuerte sensación de piedra sobre la matriz. Desde ese momento, comenzó la fiesta de bienvenida en realidad, no había habido mucho tiempo antes. Llegó el sentir a flor de piel.

 

Llegamos al apartamento hacia las 6:15pm, mientras yo subía lo que más podía, la madre se subió a descansar, y hacia las 7pm que terminé de subir las cosas, Mónica dice: “están cada 5 minutos, esto es normal?”, respondí: “todo es normal, esto es lo que te corresponde con Victoria, sonríe…”.

 

Ella siguió tomado con calma las contracciones, pero cada vez se hacían más intensas. Respiraba, adoptaba posiciones cómodas. Mientras tanto yo organizaba todo para el parto, pues empecé a sentir que la madre entraba en la etapa de transición, había cruzado de manera muy amable todo el comienzo del parto, llegaba a la parte más intensa, necesitaba ya de mi presencia, de mi voz femenina, necesitaba a su compañero.

 

Acabamos de arreglar todo hacia las 8:30pm y la invité a que se bañara largo con agua caliente. El agua la reconfortó mucho, ella se quedó allí por un lapso de una hora, las contracciones siguieron cada 5 minutos cada vez más intensas. Le dí a mambear hoja de coca.

 

Hacia las 9:30pm salió del baño, se acomodó en la habitación donde se arregló el nido para nacer, había velas, aromas…. Todo listo para recibir a Victoria. Yo, me baño y me arreglo para la fiesta de la llegada.

 

Acompaño de cerca a la pareja, tomo unas fotos que me piden y hacia las 9:48pm llegan unas ganas fuertes de pujar con cada contracción, ella las respira, las deja pasar, se familiariza con esa sensación. Después de unas cinco contracciones, comienza a pujar, muy espontáneamente, su periné comienza a expandirse. La sensación de muerte llega a la habitación, llega el nacimiento, la luz. El portal se abre, siento ser canal, la facilitadora, la cuidadora de la vida y de la muerte. La mujer que recuerda a la pareja honrar a todas las madres que en ese preciso momento están pariendo en muchas partes del planeta. Nos conectamos los tres con sus matrices.

 

La madre puja en diferentes posiciones, facilitando los movimientos en espiral que Victoria debe hacer, ella, la  madre, se da cuenta que algunas posiciones favorecen más la sensación del pujo, siente que puede expandirse más. Sale sangre preciosa de su vagina, con un pujo Victoria rompe las membranas que la separa de su mundo externo, sale bastante agua de la fuente natural, es clara, sana. El corazón de la bebé está feliz.

 

Hacia las 10:40pm, nace Victoria Alcalá Ropaín, con pelo negro abundante, pestañas largas y llanto ronco. Grande, sin mayor actividad, espera su primer aliento sobre el vientre de su madre, la abrazamos, la secamos un poco, celebramos la vida!!!! Llora.

 

La placenta alumbra hacia los 5 minutos, amarra el cordón el padre y corta. Bienvenida a la familia hermosa niña. Encuentra la teta deliciosa hacia las 11:30pm y se deleita con un buen bocado. Prueba la otra, las saborea, las disfruta. Está desnuda unto a su madre, sus pieles son una sola.

 

Madre valiente, sabia, mujer poderosa, una vez más sentimos la grandeza de la vida, la capacidad de amar, la alegría de acompañar. Sentimos, intuímos, conectamos, respetamos. Una vez más parí un hijo. Una vez más recreo el nacimiento de Federico, mi hijo, lo sano, lo releo, lo saboreo.

 

Parimos juntas desde alma, es esa fuerza de muchas mujeres, no es solo ella, somos todas…. Es la madre tierra.

Gracias… muchas gracias por elegirme Victoria. Gracias a los padres por escuchar ese llamado, gracias a mi red de familia y amigos por hacer posible esta tarea tan hermosa. Los amo.

 

Cartagena – Colombia. Diciembre 11 de 2011.

 

Carolina Zuluaga Téllez. Fisioterapeuta. Partera tradicional urbana de Unkay – Doula Colombia. Vicepresidenta de Artemisa.

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Dentro de la montaña la madre comienza con contracciones irregulares que van y vienen, y que le permiten seguir realizando sus actividades durante todo el día, desde las diez y media de la mañana.

 

Desde la tarde, cayendo la noche, el cuerpo comienza a pedir la presencia de las parteras. Unión desde el femenino y desde el poder del nacimiento.

 

Las parteras llegan hacia las diez de la noche encontrando una mamá encerrada en su habitación, con una luz muy tenue, respiración profunda y calmada y un altar con velas que atraían la iluminación para el nacimiento de Lolita.

 

Comienzan los masajes, los aromas, la respiración conjunta, la invitación a cambiar de posición y la posibilidad de alimentar la libertad de la madre y del padre para unirse en una sola bienvenida para su hija.

 

Alrededor de la una de la mañana una contracción antecede un descanso de 10 minutos y después llega otra ola que nos trae la ruptura de la fuente de las aguas. Desde este momento se desarrollan las contracciones muy seguidas e intensas y comienza el descenso de Lolita. Se sienten ganas de pujar algunas veces. Sin apurar el tiempo, se deja pasar el pujo voluntario y se deja crecer la sensación de éste y la presión de la cabeza de Lolita sobre el piso pélvico de la madre.

 

Hacia las tres de la mañana la madre busca una posición rastrera en la cual pueda abrir sus piernas y ganar visibilidad del gran acontecimiento que está por suceder: la llegada de Lolita.

 

Vienen sensaciones inmensas de pujar acompañadas de risas y placeres. En algunas contracciones solo deja crecer esa sensación sin pujar conectándose desde las entrañas con el descenso de su bebé. Quiere sentirlo todo, sin perderse en el dolor, todo se transforma en un enorme placer.

 

Llegan las 3:45am, Lolita comienza a asomar su coronilla, la vemos, hacemos mucho silencio, la madre protege su periné de los posibles depredadores, nosotras. Ella sabe de nuestro respeto, pero se activa el cerebro primitivo, el animal, el de protección de su cuerpo y de la cría que está a punto de nacer.

 

Entre risas, gemidos, suspiros y expresiones de placer, va saliendo la cabeza de Lolita, con el cordón atravesado de lado a lado (circular en banda), una de las parteras procede a retirarlo con precaución mientras el padre es guiado para colocar su mano en la cabeza de su hija y disponerse a recibirla, ese es su rol en ese instante, el partero de su hija.

 

Lolita se toma su tiempo para girar y seguir saliendo, la madre tiene primera fila para presenciar el nacimiento, se conecta con su mirada y….exhala el último gemido de alegría!!!!!. Nace Lolita a las 3:55 am. Su padre la levanta

con ayuda de la partera y se la pasa a su compañera con gran orgullo!!! Su mujer acaba de parir su hija, esa grande mujer, la que la contuvo en su vientre por 39 semanas!!!! Todos reímos de felicidad, de contagio de triunfo, triunfo de la vida, de la creación divina.

A la hora, la placenta alumbra, mientras tanto, Lolita conoce su teta y la busca muy despacio, con cautela. Papá abraza a sus dos mujeres de la casa, se ríe y besa a la madre, se encuentran plenos, en familia.

 

La nueva familia a las 6 am se encuentra entre las cobijas, con un nuevo ser por conocer, con mucha gratitud con la posibilidad de estar juntos, felices; con un periné intacto. Las parteras dan masajes a la madre y a Lolita entre cucharadas de aguas de plantas para calentar y limpiar el útero. Celebramos entre el desayuno, una familia más rescatando el poder sanador del nacimiento. Gracias Lolita por permitirnos estar en tu camino.

 

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Hacia la 1:30am recibimos un mensaje en el celular de la partera: “se rompieron, hay salida de líquido precioso de manera lenta y amorosa”. Llamamos para saber cómo estaba la pareja y supimos que por el momento solo descanso y tranquilidad se respiraba.

 

Desde las 4:30am llegamos a acompañarlos, mamá se encuentra descansando con papá, hasta que a las 6am se levantan para hacer un delicioso desayuno. Las contracciones son muy esporádicas, cada 8-10 o 15 minutos, con intensidad leve. La madre se ducha y entre conversaciones armoniosas, decidimos ir de paseo al parque. La lluvia nos detiene en 3 intentos, entonces otra vez entramos a disponernos en un espacio cerrado y tranquilo, las contracciones siguen igual.

 

La madre entra y descansa dos horas en profundo sueño mientras hacemos almuerzo para más tarde. Después del almuerzo, entre risas, nos damos cuenta de que la madre ya no gotea líquido, desde un momento, se detiene la salida.

 

Así pasamos toda la tarde, comemos, y hacia las 7:30 de la noche las contracciones se empiezan a convertir  en una invitación a la respiración profunda y al movimiento ondulante de las caderas de la mamá.

 

Empezamos a respirar juntos, los masajes son herramienta fundamental para el descanso entre cada contracción. La pareja trabaja en la penumbra con total privacidad, mientras la partera y su asistente meditan en otro espacio trabajando desde el pensamiento y el respeto del momento.

 

Avanza el tiempo, la madre está cansada porque han pasado horas sin dormir profundamente. Las contracciones vienen cada 5-8 minutos y se vuelven muy intensas, respiramos profundo, muy profundo, cambiamos de posiciones, caminamos, descansamos. El corazón de Ariel late con fuerza, todo está bien.

 

Hacia las 11:30pm la madre empieza a decaer, su fuerza se disminuye, está muy cansada. Se le invita a una ducha con agua caliente y ayuda bastante para el descanso y la retoma de fuerzas para seguir, por ahora estamos en unos 6 cms. de dilatación.

 

Hacia la 1am, la madre dice:  ”no puedo más, quiero ir a la clínica, necesito una anestesia para descansar”, se revisan otras alternativas en casa sabiendo que el bebé y la madre están en perfecto estado, solo el cansancio nos persigue y no nos deja fluir el trabajo de parto con tranquilidad.

 

La partera propone descanso, sueño, canto y masaje; Ariel está muy alto, no está bajando con facilidad. La madre acepta como última oportunidad de retomar el camino de la calma y la emoción de conocer a su hijo.

 

Estamos dos horas cantando un arrullo de manera repetida, en la oscuridad, al lado del fuego, mientras el padre duerme profundamente. Se rescata la calma, la seguridad y la confianza en ella misma. Hacia las 4am decide la madre ponerse de pie, mover la pelvis, exhalar con sonidos guturales, se acerca la última parte. La partera y su asistente s los dejan a solas, el equipo necesita dormir para retomar fuerza para el final.

 

El padre las despierta para contarnos que ya está por nacer, pues las ganas de pujar son inmensas. Vamos a la habitación, y encontramos una madre en posición de cuclillas, con los ojos cerrados, en calma, como una leona grande y fuerte, ella sabe que ya va a acabar su trabajo de parto, llegamos al nacimiento.

 

Empezamos a pujar porque ella así lo requiere, nos dice que siente cómo baja despacio Ariel. Papá se para en frente de ella, pues él lo va a recibir. Esperamos, recordando todo el tiempo, que no hay afán, no necesitamos que ella puje con demasiada fuerza. Despacio, ya es el final. Cuidamos el periné de la madre, exhalando y contrayendo los músculos del abdomen para presionar hacia abajo, sin recurrir al pujo reteniendo el aire.

 

Pasa media hora, y hacia las 6:30 nace Ariel, Sebastián, el padre, extiende los brazos  y suavemente lo recibe pasándolo a Clara, su compañera de vida. Entre celebraciones y satisfacción absoluta, Ariel abre los ojos mirando a sus  padres, diciendo con su mirada y tranquilidad: “aquí estoy, no había afán, todo a su debido momento, aquí estoy, nunca dejen de confiar”.

 

Sebastián espera atento a través del tacto, a que deje de latir el cordón, le indicamos dónde amarrar y él lo hace. Corta con la cuchilla natural que él ha hecho previamente, y ya está, Ariel se desvincula físicamente de su madre.

 

La placenta alumbra a la media hora del nacimiento y no hay salida de sangre, es increíble, el útero se contrae con mucha firmeza, la sangre se cuida de ser derramada. Nos extrañamos como equipo de ver esto, pues en general, siempre hay salida de sangre después del alumbramiento, unas veces más que otras, pero sale sangre. En este caso no, no hay salida de sangre. Se da remedio para limpiar el útero para asegurarnos de que no se quede ningún coágulo adentro, se hace masaje, y no, no sale sangre. La madre dice: “no se preocupen, yo estuve meditando a mi sangre todo este tiempo, pues antes del embarazo, desde adolescente fui anémica, y quise orar para que los maestros me cuidaran mi sangre en el parto, y eso fue lo que sucedió, estoy bien”. Y así fue, un aprendizaje más para nosotras las parteras, nada está escrito en el cuerpo del ser humano, la naturaleza nos sigue sorprendiendo gratamente. Gracias Ariel.

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Antes de que el relato hecho por el padre de esta nueva historia, se presente ante tus ojos, yo Carolina Zuluaga Téllez, partera acompañante de este viaje, quiero contar desde el corazón el parto frente al mar.

 

Venía de Medellín, 15 días antes de un trabajo exigente, con una pareja que dio a luz a su hijo en casa después de mostrarme la vida a través de ellos los diferentes canales para trabajar la paciencia, la tolerancia y la humildad.

 

Llegué al mar……. donde además reside mi padre………. un encuentro sanador con él me aguardaba. Una noche, entre la luna y el sonido interminable de las olas del mar, pedimos perdón. Perdón por cerrar los oídos del alma ante toma de decisiones que involucran la felicidad del ser. Perdón por omitir parte de la historia de los padres que hacen parte fundamental de la memoria de todo hijo. Perdón por tener congelados los canales de comunicación. Perdón por pensar y sentir que los kilómetros de distancia estaban en la tierra y no en el corazón.

 

Nos acercamos, nos rescatamos, restablecimos relaciones amorosas a partir del llamado de una familia que buscaba recibir a su segundo hijo en casa.

 

Así es………. es lo más hermoso y sabio de este oficio…..la vida, los maestros me enseñan de la manera más amorosa el camino de la sanación, de la felicidad.

 

Llegué al mar el 1ro de febrero, en la tarde, casi noche. Después de hacer unas compras de elementos necesarios para tener dentro de mi maleta de partera, llego a la casa de mi padre en donde una cama deliciosa aguardaba mi descanso. Llamé a Inanna y a Endiku, la pareja que aguardaba mi llegada para comenzar un vínculo íntimo hacia el nacimiento de Yaku. Esa noche solo avisé mi arribo y quedamos en que nos veíamos al otro día.

En la mañana siguiente, empezó el viaje hacia el compartir con la nueva familia, entrevista escrita, charlas, caminatas, masajes, aguas en infusión, risas.

 

Nos encontrábamos tres o cuatro horas, mi hijo Federico jugaba con su hijo mayor, de la misma edad. Era maravilloso el vínculo que se tejía.

 

El 10 de febrero la madre amanece muy cansada, duerme bastante, su apetito disminuye y algunos cólicos se sienten. Muchos elementos anunciaban el nacimiento de Yaku. Todo el día en este ritmo, ella decide hacer una escultura en barro, moldeando cada sensación que afloraba.

 

Trabaja en su obra de arte tres días, y cuando la termina, las contracciones se vuelven más perceptibles. Llega el 11 de febrero…. y el relato del padre se une al mío de partera…..

 

DIARIO DEL PADRE: FEBRERO 12 DE 2012.

 

Ayer hacia las 9:15pm nació un niño. Yaku se llama, por el momento, nombre que le dio Alisio, su hermano cuando estaba en la barriga.

 

Ayer cuando se puso el sol, se sintió un cambio, entramos en un estado diferente. Se empezó a crear el ambiente para recibir a Yaku. Subimos a la sala y se quemó copal. Pusimos la selección de música para el parto, y las contracciones empezaron a acelerar.

 

El pequeño altar con la escultura de Inanna, cobró vida y un trance comenzó a invadirla. A eso de las 7:30pm, entramos a la habitación. Las contracciones cada vez eran más seguidas y el momento de recibir el bebé se acercaba.

 

La temperatura en el cuarto subió mucho, el calor nos hacía sudar a los tres. Inanna, confiando en la guía de Carolina, cogió fuerzas para comprender que el bebé debía nacer despacio para no causarle heridas, pues todo era muy rápido.

 

Después de un rato, Inanna se vuelca sobre sus antebrazos, y en cuclillas, un dolor muy fuerte la invadió y se empezó a asomar la cabecita de Yaku. Fue impactante verlo y reconocer en él los mismos rasgos de Alisio.

 

Lo recibo en mis brazos y cuando sale el cuerpo, Carolina dice “es un niño”!!!, pues no habíamos querido saber por ecografía previamente el sexo del bebé.

 

Fue enorme la felicidad que nos invadió. Fue hermoso recibir a un niño y llevarnos esta maravillosa sorpresa del destino.

Le pasé el bebé a Inanna, y ella lo abrazó con mucho cariño, él empezó a chupar teta inmediatamente. Un rato después, yo corté el cordón con un cuchillo que mi compañera me había regalado de su viaje a Finlandia. Carolina limpió el bebé y poco a poco salió la placenta. Todos en una embriaguez de alegría celebramos el momento.

 

Inanna se veía como una niña de 18 años, muy muy linda!!!

Este bebé con su llegada me ha dado una sensación de renovación. Llega en un momento de crisis y por ende de cambio. Y creo que es importante este momento, esta oportunidad para replantear nuestros próximos pasos y compromisos.

 

Hay múltiples realidades, y este universo es muy vasto. Las estrellas me recuerdan que hay u orden en todo esto que nos sobrepasa y que podemos hacer un esfuerzo para pensar y actuar para el alimento de ese orden o el constante cambio del mismo, desde la conexión con el universo y la madre, no desde el ego de nuestros proyectos terrenales.

 

Alisio se despertó, finalmente y voy a contarle un cuento, el nacimiento de su hermanito, al final de la historia, lo llevo al cuarto y se conocen, se huelen, y después con mucha tranquilidad pide seguir durmiendo en su cuarto.

 

Carolina limpia, ordena, alimenta a la madre. Todos descansamos después de esto. Ella pasa tres días guiando el postparto y luego parte a su ciudad capital a seguir acompañando más familias en este maravilloso evento: El nacimiento de un hijo, de un maestro. 

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Ariel es el cuarto bebé de esta familia. Desde que concibieron a Ana Belén, su tercera hija,  Angélica y Camilo estaban seguros de que querían una partera en casa. En ese momento no la encontraron y la niña nació entrando a la clínica. Cuando supieron que Ariel iba a llegar, encontraron las parteras que iban a acompañar ese nacimiento. Sin embargo, desde la primera entrevista que tuvieron con nosotras, supimos que no íbamos a llegar, los partos anteriores habían sido muy rápidos, en promedio sabíamos que Ariel llegaría en unas dos horas y las distancias bogotanas no ayudarían para que pasase lo contrario.

Desde el principio el énfasis que hicimos en la preparación fue alistarlos para que pudieran tener a su bebé, solos en casa. En el fondo, lo que ellos querían era tener esa experiencia; y así fue.

Pocas llamadas el día del trabajo de parto, una preparación concienzuda y juiciosa, y mientras las parteras se desplazaban hasta la casa, nació Ariel.  Cuando llegamos a la casa, desde afuera escuchamos el llanto poderoso de un niño regordeto, pegado a su placenta todavía. La madre yacía tendida en el suelo amamantando a su recién nacido.

Finalmente, Camilo lo había recibido con su asistente Ana Belén, de un año de edad y sus otros hijos. Fue posible el reempoderamiento de esta familia. El nacimiento: un evento sencillo y natural.

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Un día, al lugar de trabajo llega una pareja buscando información sobre mi oficio de Doula, pues unas amigas del colegio donde trabajaba ella, habían sido acompañadas por mí como Doula cuando el parto era en la Clínica y Partera cuando era en casa.

 

Esta pareja, estaba muy segura de querer tener un acompañamiento cercano a la gestación, pues ella nunca había querido tener hijos, ya llegaba a sus 40 años de edad y estaba segura de todo, menos de ser madre. 
 

La noticia inesperada del embarazo fu muy impactante ara ella, y para él por saber que su pareja no quería eso, no quería ser madre. Sin embargo, aceptaron lo ocurrido y en el camino, el llanto, la tristeza y la desconexión con la bebé que gestaba era bien notorio.


Dentro del acompañamiento que las amigas habían tenido, habían podido compartir con la nueva madre, lo importante del sostén emocional, de poder hablar y ser sincera y acceder a herramientas terapéuticas que le permitieran armar su propia vinculación afectiva con la nueva vida que crecía en su vientre.
 

El tiempo pasaba y alrededor de las 30 semanas de gestación, comenzamos el acompañamiento. Yo iba a su casa, meditábamos, nos reíamos, llorábamos, nos mirábamos a los ojos y repetíamos juntas: "soy la madre que escogió Ariana, madre perfecta dentro de su imperfección, madre poderosa y hermosa", "soy capaz de cuidar y sostener la vida que llevo dentro"..."gracias por escogerme, confío en ti, en tu espíritu". Y siempre, lágrimas de asombro y sorpresa por lo que se nombraba y crecía en el universo.
 

Ella recibía los talleres, las clases y los masajes prenatales y en la medida de lo posible, junto a su compañero.


Yo estaba muy contenta de sentir cada vez más cómo se convertía en madre, esa mujer de ojos grandes.
 

Llegadas las 39 semanas de gestación, elaboramos en familia un plan de parto amoroso para su obstetra, una mujer dulce que apoyaba los partos vaginales y lo más naturales posible. Con el plan de parto, iba una carta solicitando la entrega de su placenta con fines sembrarla y seguir recordando lo poderosa.

 

Esa semana, ella empezó a sentir que Ariana bajaba lentamente y se metía en su pelvis, el cansancio se hacía notar, los sueños con el parto aparecían y las ganas de estar entre su nidito incrementaban con el pasar de los días....se acercaba el parto. La sensación de cólicos iba y venía, más que todo en las noches, pero nada más ocurría. Nos hablábamos, nos veíamos, hasta que ella dejó de ir a trabajar por todo esto....celebré ese acto de desprendimiento...jajajaja.....es necesario para poder parir con más tranquilidad y que los bebés sientan que todo el tiempo está para recibirlos, sin tanta distracción.

 

¡¡¡¡Se ocuparía de parir!!!!!
 

Un sábado, hace 20 días, yo llegaba de un mini paseo de familia, y tenía una reunión donde mi madre. A las 6:30pm, recibo un mensaje en mi celular de parte de ella diciéndome que los cólicos ahora eran más regulares y fuertes...pregunté si quería que fuera, pero ella dijo que no era necesario. Yo me alisté y me fui para mi reunión familiar. Estado allá, hacia las 7:30pm otro mensaje llega contándome que sus contracciones eran un poco más fuertes pero que estaba respirando muy bien y que estaba muy tranquila, que ella pensaba realmente que el trabajo de parto estaba comenzando. Pregunté de nuevo si requería de mi apoyo presencial y dijo que aún no, que llamaba más tarde. Recomendé darse una ducha de agua caliente un largo rato.


A las 8.20pm, hablé con el compañero, quien me contó que estaba ella aun en la ducha, que la veía muy tranquila, pero que él notaba cómo la intensidad de las contracciones incrementaba, que pensaba que pronto me volvían a llamar para que me desplazara a su casa.
 

A las 9:20 pm, sonó mi teléfono un par de veces y no alcancé a contestar...pero devolví la llamada a las 9:32 pm y él me decía que las contracciones se habían vuelto muy seguidas, que ella estaba muy tranquila, pero ya no hablaba y su mirada estaba perdida, entonces le dije que nos veíamos máximo en 20 minutos.


Fuí a mi casa que es a cuatro cuadras y me cambié de ropa, metí un doppler fetal, un par de guantes y un rebozo para manteo, dentro de una mochila....mi esposo me llevó en el carro porque sentí que no debía esperar un taxi.


Iba en camino....cuando una corazonada hizo que marcara al teléfono del esposo y preguntara cómo iba todo.

 

Él contestó y le pregunté si ella estaba botando algo de tapón y me dijo que sí, que realmente era sangre (ohhhhh por Dios!!!)....entonces le dije que le preguntara a ella que si estaba sintiendo ganas de pujar cuando tenía la contracción a lo que cuando lo hizo, me dijo que sí....qué muuuchas ganas. Entonces....respiré como ahora lo hago, escribiendo éste relato.....y le dije que le propusiera a ella que no lo hiciera, que respirara profundo cuando lo sintiera y que llamara a la obstetra para anunciarle que íbamos a llegar a la Clínica muy pronto, que yo llegaba en unos 7 minutos, enraba derecho al apartamento y salíamos para la Clínica. 
 

No acababa yo de colgar....cuando mi esposo ya imaginariamente había sacado la sirena roja brillante y el universo nos abría paso por las calles, semáforos en verde....llegamos en 4 minutos.
 

Entré derecho, subí y la puerta del apartamento ya estaba abierta. El esposo con la chaqueta puesta y la maleta al hombro.


Lo abracé y entré buscando a la madre de parto....ella estaba sentada en el inodoro vestida en un éxtasis con una contracción que le pedía pujar salvajemente. La abracé y le dije que todo estaba muy bien, que respirar hondo y tratara de no pujar, que dejara ir la contracción. así paso y la invité a la cama, le pedí que se acostara y me dejara ver su periné, ella ni abría los ojos, no me hablaba, solo sonreía y recibía una y otra contracción con sonidos guturales y gemidos suaves.
 

Cuando pude observar....estaba coronando esa bebé.... no había tiempo de salir del apartamento. Volteé mi cabeza y miré al esposo, él supo de inmediato y se tapó los ojos, empezó a caminar por todos lados y les dije: "Va a nacer Ariana en su casa, tranquilos, todo está bien, yo soy partera también, y si todo pasó a si de rápido...es porque les corresponde vivir esto". Le pedí a él que me pasara unas toallas limpias blancas y un plástico para poner en la cama. Ella muy tranquila dijo que se sentía muy confiada en parir allí.... le di un beso en la frente le ayudé a quitarse su ropa suavemente apagué la luz de la habitación y me senté a su lado susurrándole al oído lo perfecta que era la vida y las enseñanzas, que recordara lo protegidos que estábamos todos.
 

Ella solo me miraba...y sonreía...pujaba suavemente y me puse mis guantes....mis manos hacían una forma de cuenco que contiene esa cabecita que salía dentro de la bolsa de las aguas, y yo solo esperaba esa gran explosión, expansión de líquido, por esto hacía eso con mis manos. Pero nunca ocurrió...los tres vimos en cámara lenta cómo Ariana se deslizaba muy lento hasta nacer por completo dentro de su bolsa sagrada....realmente completamente protegida.

 

Al verlo...solo les dije....ésta es su hija...envuelta en sus membranas....éstos bebés tienen una misión muy importante y por esto vienen tan protegidos....celebro y doy gracias por lo que estamos viendo....BIENVENIDA ARIANA, TUS PADRES TE RECIBEN....tóquenla, mírenla, y la miré a ella a los ojos grandes...y le dije:"eres la mejor mamá para Ariana, eres poderosa, eres hermosa, te ves radiante dando a luz a tu pequeña".

 

Suavemente retiré la bolsa y sin una gota de sangre ni en el lugar, ni encima de ella, empezó a respirar, a gemir, a llorar.


El silencio invadía desde hace tiempo la habitación...pero ese momento estuvo tan silencioso que todavía recuerdo que todo se detuvo. La sanación, la medicina para esa mujer, para ese hombre, para mí, para Ariana, había entrado tan sutilmente, que todos los sentíamos....era sorprendente saber que hace una hora ninguno pensaba que Ariana iba a nacer aún, pensábamos que faltaban unas 5 horas mínimo.
 

Así es la vida....así es el parto....una sagrada medicina que decidí tomarme, comerme, meterme en lo más profundo de mis poros. Cada vez me enseña más, me corrige, me permite tocar a los otros y mirarnos a los ojos re-afirmando que nacer, parir, gestar con conciencia está cambiando el mundo. ¡¡Qué paz!!

 

racias familia de Ariana, me hacen muy feliz verlos y sentirlo tan saludables, tan seguros de que son los mejores padres del mundo. Se lo creyeron y ahora, es una realidad.

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