Definición de la Alianza Internacional de Parteras y del artículo: Todas Somos Parteras, por Debbie A. Díaz Ortiz. 2006 Midwifery Today, Inc.

 

Hace siglos el nombre partera y sus variantes, matrona y comadrona, se registran en la biblia y en cada continente para definir a la mujer sabia, con habilidades específicas para atender a la madre y su criatura durante la gestación, el parto y el cuidado posparto.

 

¿De dónde nace el nombre y sus atributos?

Cada país o región nos muestra un pedazo de historia similar y otro distinto. Algo que tenemos en común es que por varios siglos la profesión se aprende entre mujeres en el ambiente social.

La partera sirve a la mujer durante el embarazo, parto y posparto. Ella está capacitada en salud, fisiología y el cuidado de las mujeres y de sus bebés. Sus servicios son ofrecidos de manera humanizada y respetuosa, con la mínima intervención durante el proceso fisiológico, a la vez que honra las decisiones de las madres. Ella puede identificar problemas, sabe de técnicas para manejar situaciones de emergencias según sus recursos y refiere o transporta a cuidado médico cuando es necesario. Ella se dirige por las necesidades individuales de cada madre y bebé.

 

Una partera adquiere sus conocimientos esenciales por medio de una variedad de rutas, dentro de la educación formal, por el proceso tradicional, con otras parteras y al asistir a madres y bebés. Ella continuamente actualiza sus conocimientos a base de la evidencia, experiencia práctica y oportunidades educativas. La partera comparte información con las madres, familias y la comunidad sobre su práctica, opciones alternas, derechos y responsabilidades, bienestar, cuidado preventivo, apego, lactancia y crianza. La práctica de las parteras es autónoma, interdependiente y puede ofrecer sus servicios en todo ambiente.

 

El parto en casa, es la toma de decisión informada, de una familia que busca darle la bienvenida a su hijo/a la vida extra-uterina, en un ambiente íntimo, cálido, silencioso, con las personas que ellos hayan escogido para que los acompañen en su propia ceremonia.

Parir en casa, en el calor del hogar, tiene unas características especiales, que, como partera y madre he venido percibiendo:

 

 

Tenemos la posibilidad de armar nuestro nido como cualquier mamífero lo hace antes de parir. Escoger el sitio dentro de nuestro hogar que nos hace sentir más seguras, calientitas y empoderadas, hace que la energía del nacimiento impregne cada rincón. La habitación principal, muchas veces es la primera opción, en la cual descansamos, leemos, y muchas veces tenemos los encuentros íntimos con la pareja. Pensar en correr muebles, colgar una tela del techo o una hamaca, meter una silla, comprar un balón de pilates, tener una bolsa que guarde el calor, revisar que tengamos agua caliente para largos baños, hacer una lista de la música que más nos gusta y nos tranquiliza, tener velas para una luz tenue, comprar la “pinta” del parto, el vestido para la gran fiesta; son cosas que nos conectan en familia y nos hacen permanecer en el foco: vamos a una ceremonia sagrada del sin tiempo. No sabemos cuándo llegará esa energía al cuerpo físico, pero sí sabemos que entra en otros cuerpos sutiles unas semanas antes. Por esto, desde la semana 36 de gestación con el taller de Nacimiento, y el ritual de Entrega de la Panza (semana 37), inauguramos éste gran viaje.

 

Tenemos la posibilidad de movernos, de danzar cada contracción. Acomodamos el cuerpo para que se favorezcan los movimientos espiralados que nuestro bebé debe hacer para encajar en la pelvis materna y descienda por el canal de parto. El movimiento distrae la mente, que es la que convierte el dolor muchas veces en sufrimiento. Por esto, el parto en movimiento, reduce la sensación de dolor, inclusive trayéndonos bienestar, confianza y placer en cada contracción.

 

Al poder movernos, tenemos muchas herramientas para acomodarnos, que es vital para que secretemos con armonía las hormonas necesarias para llegar a un parto saludable. La comodidad, es una sensación que debe primar en la mujer parturienta. Nuestra pareja, Doula o Partera, estarán pendientes de alcanzarnos almohadas, toallas, cojines, sillas, el balón, un saco abrigador, unas medias para aportar calor a los pies, colgar una tela para suspender el cuerpo por momentos y lo más importante, estarán dispuestos a sostenernos en diferentes posiciones para que reciclemos energía y nos entreguemos a la experiencia.

 

Podemos comer y beber lo que nos plazca, sin aguantar hambreo sed, que es otro componente que puede estresar a la madre en parto y ocasionar la inhibición de éste mismo. Si no comemos en unas buenas horas, nuestra energía decaerá, por esto la Partera, Doula o compañero, nos debe ofrecer pequeñas porciones de alimentos altos en calorías saludables para garantizar un parto fluido y que se pueda sostener en el tiempo.

 

Nuestro compañero cuando está presente en el parto (porque podemos parir solteras también), puede ser pieza clave para aumentar la secreción de oxitocina, hormona del amor, que nos genera contracciones uterinas para la dilatación. La intimidad es un aspecto que nos recuerda que el parto es un evento sexual que cierra un ciclo que inicia de la misma manera. Hacemos el amor, en intimidad, calor, confianza y seguridad, elevando así, la energía sexual de ambos hasta que ocurre el “big-ban”…. florece la vida de un hijo en nuestro vientre. Así que, cuando nos permiten estar en intimidad piel con piel, besarnos, abrazarnos y acariciarnos, con nuestra pareja, el parto puede acortarse, ser más placentero y favorecer la elaboración de una sana paternidad. Ser partícipes de todo el proceso es necesario.

 

Cada parto tiene un bio-ritmo, y esto nos indica que la paciencia y la rendición ante la experiencia de cada familia, nos invita a confiar (siempre y cuando la salud de la madre y bebé estén bien) en la duración del proceso. Por esto, en casa no existe una dilatación de centímetros por hora, ni por fases del parto; existe la libertad de estar inmersos en otra frecuencia del tiempo que el parto natural nos enseña. No nos presionan, no nos ponen límites, ni nos amenazan con procedimientos, si no logramos algo en un tiempo definido.

 

Podemos adoptar posiciones verticales para el trabajo de parto y nacimiento, favoreciendo la necesidad orgánica que todas las mujeres tenemos a la hora de parir. El parto se comporta con las mismas características que tenemos cuando queremos evacuar el intestino o la vejiga, solo queremos relajarnos y acomodarnos para que esto suceda. Y como todos lo sabemos, nadie sano, hace esto acostado en horizontal, los inodoros son hechos para sentarnos. Por esto, la silla de parto que podemos llegar a escoger a la hora de parir, nos ayuda a estar sentadas, relajando nuestros esfínteres y sintiendo las ganas naturales de pujar a nuestro hijo. No necesitamos en la mayoría de los casos que nos dirijan el pujo. Sabemos parir, sabemos pujar y tomar en los brazos a nuestro hijo cuando nace.

 

Cuando está naciendo nuestro hijo, podemos tomarlo con las manos y tocarlo madre y padre por primera vez. Confiamos y nos enseñan a confiar que sabemos cómo recibir a la criatura que lleva unos largos meses dentro de nuestros cuerpos. Tomarlo en nuestros brazos y llevarlo al pecho de la

madre para calentarlo y mirarlo a los ojos, hace que podamos tener nuestra primera declaración de amor frente a frente, en silencio.

 

Después de que nace, evalúan a nuestro hijo/a encima de nosotras, sin separarnos. Podemos amamantar favoreciendo el arrastre natural que el bebé comienza a hacer en los primeros minutos sobre nuestro cuerpo, rumbo hacia su teta, segunda declaración de amor, su fuente de alimento. La placenta es esperada con paciencia, amor y respeto, permitiéndole alumbrar en el momento que lo decida. No se le hala ni trata de sacar a la fuerza, solo se palpa el tono del útero y se observa la cantidad de sangre que sale, mientras esto ocurre.

 

Cuando la placenta alumbra y el sangrado está controlado, podemos tener la opción de un Semi Nacimiento Lotus (dejar sin amarrar ni cortar el cordón umbilical durante unas dos o tres horas). También, si nos hemos informado de los múltiples beneficios de tener un Nacimiento Lotus Completo, podemos acceder a que la placenta se quede pegada a nuestro hijo durante el tiempo que sea necesario (3-6 días). Independientemente de la opción escogida, como madre, puedo tener ingesta de un trozo de placenta después del parto, hacer impresiones en papel, sacar un trozo para la elaboración de tintura madre, y finalmente conservarla cuando se desprenda del ombligo de mi bebé, para sembrarla con un árbol, después de que termine mi cuarentena (40 días del post-parto).

 

Después de que todo esto ocurre, puedo acostarme en mi cama con mi pareja y descansar de todo lo vivido, tener un tiempo íntimo para digerir tantas experiencias, tanta sanación. Hablar de cada tema, respirar, llorar, conocernos con nuestro hijo, mirarlo indefinidamente hasta dormirnos todos, y empezar otra etapa de éste maravilloso y exigente viaje de ser padres, la crianza.

¿QUIÉN ES UNA PARTERA?

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